Los científicos han desarrollado una técnica nueva para lograr la apertura de arterias coronarias tapadas: distensores de arterias preparados para disolverse tan pronto como terminan su trabajo.
Los distensores de arterias cardíacas son diminutos tubos de fibra de metal que han sido implantados en millones de personas en todo el mundo para que sirvan de protección a las arterias después de que los médicos han logrado retirar depósitos grasos que suelen taparlas.
Los distensores arteriales han logrado impedir ataques cardíacos y evitar cirugías a corazón abierto.
Sin embargo, estos elementos ahora son objeto de una gran controversia, pues los médicos han descubierto recientemente que el tipo más empleado de distensores, que están recubiertos de medicamentos, algunas veces provocan coágulos sanguíneos fatales apenas algunos meses o años después de su instalación.
Por ello, el encontrar un distensor que pueda ayudar a una arteria a sanar y posteriormente disolverse sería un logro mayúsculo, indicó el doctor John Ormiston, de Auckland, Nueva Zelanda.
El médico anunció el martes que las primeras pruebas efectuadas en personas con instrumentos de ese tipo ya se llevaron a cabo en su hospital, así como en algunos otros en Europa.
Apenas 26 pacientes han recibido implantes de distensores que se disuelven y forman parte de un estudio encaminado a poner a prueba este nuevo tipo de instrumento, fabricado por los laboratorios Abbott, y se buscará descubrir si son lo suficientemente seguros para ser utilizados en experimentos más amplios.
A 30 días de haber recibido uno de estos distensores, los 26 pacientes se encontraban bien hasta el momento, señaló Ormiston en una reunión de cardiólogos.
El instrumento será llamado distensor bio-absorbible, que se elabora con el mismo tipo de material como el de ciertos tipos de sutura disolvente, pero están diseñados para durar durante más tiempo.
Algunos estudios en animales sugieren que el cuerpo logra metabolizar completamente ese distensor en aproximadamente dos años.
El asunto es así: cuando una arteria coronaria está lo suficientemente cerrada como para amenazar con un ataque cardíaco, los médicos frecuentemente utilizan un globo para hacer retroceder la placa de grasa o de material coagulante a fin de que la sangre pueda fluir nuevamente con libertad. En ese momento, se colocan distensores para evitar que sufra un colapso la arteria recién expandida, y las recubiertas con medicamentos impiden que tejido cicatrizante nuevamente congestione la arteria.
Sin embargo, los distensores no tienen por qué ser permanentes, asegura Ormiston. Si una arteria se mantiene abierta por seis meses después de que fue descongestionada, prácticamente ha sanado, agregó.
No tiene mucho sentido colocar un implante permanente para un problema temporal. Considero que a los pacientes les interesará el concepto de un distensor que se disuelva, agregó Ormiston.