“Un vehículo que había sobrepasado su vida útil y que se hallaba en pésimas condiciones; que había sufrido previamente otros percances; que circulaba con llantas completamente lisas; al mando de un chofer sin experiencia”, es un extracto de una publicación de EL UNIVERSO del pasado 14 de septiembre.
Con todos estos antecedentes era solo cuestión de tiempo que un accidente de esta magnitud se diera. Cuarenta y siete compatriotas perecieron. Todas esas familias quedaron destruidas, hijos sin padres, ¿y nuestras autoridades?, bien, gracias; parecerían indolentes ante esa tragedia que aún nos enluta, pero que también nos lleva a reflexionar.
Sí, a reflexionar, porque fueron esos humildes compatriotas, pero mañana podríamos ser nosotros quienes tengamos que sufrir en carne propia la irresponsabilidad de quienes dirigen el tránsito en nuestro país.
Ya nos enteraremos por la prensa de “intensos operativos” dirigidos para sacar de circulación vehículos que se encuentren en situaciones similares al accidentado. La pregunta es, ¿cuánto tiempo durarán?, ¿o será como todo lo que nuestras autoridades emprenden en este país, por unos cuantos días solamente hasta que nos vayamos olvidando de lo sucedido, y el dolor solo quede en quienes lo padecen?
Que la muerte de esos compatriotas sirva como lección de vida, pero sobre todo, que haga reaccionar a nuestras autoridades de tránsito para que ya no tengamos que seguir lamentando que nuestras calles y carreteras se llenen de sangre.
Jorge Luna Jijón
Guayaquil