El candado roto de la entrada principal al mausoleo de la Sociedad de Obreros de la Salle, que hace 50 años se construyó en el cementerio municipal, fue la primera señal de alerta para que Juan Carlos Parra, conserje del lugar, intuyera que algo anormal ocurría, el sábado pasado.
Al ingresar al mausoleo, por las escaleras, encontró pedazos de cemento, y cuando finalmente llegó a la parte alta, donde hay más de 40 nichos, descubrió que quince tumbas no tenían lápidas y, aunque estaban los féretros, los restos habían desaparecido.
Parra cumplía su trabajo de acompañar a José Miranda, quien visitaba la tumba de un familiar. Entre los dos buscaron a Ricardo Coronel, uno de los tres guardias de seguridad que custodian el cementerio durante el día y le informaron del macabro hallazgo.
Entre los tres volvieron a inspeccionar el sitio y hallaron una bolsa de yute llena de esqueletos en el nicho 41 de la parte más alta del mausoleo y ocho tumbas más, cuyas lápidas estaban removidas y los restos mortuorios en bolsas de yute, listas para ser sustraídas.
Coronel dijo que al ser un mausoleo privado, solo la Sociedad cuenta con las llaves para ingresar, razón por la cual justificó que los guardias no se percataron del incidente. Esto fue comunicado el domingo a Gustavo Gavilanes, gerente de la Empresa Municipal de Cementerios (Emuce), quien a su vez pidió a la Policía que investigue.
Gavilanes presume que la profanación tiene relación con las solicitudes realizadas por escrito y en forma verbal por estudiantes de medicina y odontología de las universidades de la ciudad, que iniciaron clases hace un mes.
“Si no tiene un esqueleto perderá el año”, es una de las frases que según un profesor le dijo a una estudiante de medicina, quien le rogó con lágrimas que le “regalara” una osamenta.
Aunque Gavilanes no acusó a los estudiantes de medicina de la profanación, hoy intentará reunirse con los decanos de las facultades de Medicina y Odontología, para solicitarles buscar alternativas para el estudio de anatomía.