Estamos ubicados al norte de la provincia de Los Ríos, somos parte del cantón Valencia y ocupamos 20.000 hectáreas. Somos agricultores, campesinos procedentes de varios cantones de esta provincia y de otras como Manabí, Loja, Cotopaxi, Pichincha. Conformamos unos 30 recintos con una población de 5.000 habitantes dedicados a la actividad agraria.
Semanalmente producimos 40.000 cajas de banano de exportación, 4.000 toneladas de palma africana, 2.000 toneladas de maracuyá, 1.000 toneladas de piña, cacao, café, arroz, maíz, soya, madera, caña guadua; tenemos ganado de doble propósito (carne y leche)... Sin embargo, pasamos serios problemas en educación, salud, infraestructura vial, y en falta de asistencia técnica y crediticia. En el 90% de nuestras escuelas un mismo profesor imparte instrucción a estudiantes de seis grados. No disponemos de colegios donde los jóvenes puedan prepararse para aprovechar nuestros recursos. En salud apenas hay un dispensario del Seguro Campesino para poquísimos afiliados. No tenemos agua potable ni alcantarillado; nuestros ríos están contaminados con desechos químicos de procesadoras de banano y palma. Existe alta incidencia de paludismo, dengue..., sin tener medicinas.
Las vías están medianamente lastradas y mantenidas por empresas agrícolas. Los puentes se encuentran en pésimas condiciones, y algunos caídos como el San Francisco, otros por caerse como el Camarones, otros faltan construirse como El Gallina, Lulo, Chilla, Quindigua... Nuestros pedidos no tienen eco. No existe control en la comercialización de productos del agro, somos explotados, el crédito para producción es muy limitado, y no hay asistencia técnica para el pequeño productor.
Los campesinos planteamos por eso a los políticos que ocuparán las futuras dignidades –en especial al nuevo presidente del país– que serán elegidos el próximo domingo 15, que atiendan al sector agrícola con obras, créditos con bajas tasas de interés, provisión de semillas, seguros de producción, y protección al sacrificado hombre del campo para que no emigre a las ciudades.
Ing. Ángel Aumala Aguirre
Quevedo
Son muchas las acciones de campañas políticas, entre estas el agresivo derroche de dinero para resaltar imágenes de candidatos con caras bonachonas, los ruidos infernales de las centrales políticas y los equipos de audio móviles, o de la innumerable cantidad de papeles tirados en las calles, o de los adhesivos pegados en vehículos sin el consentimiento de sus dueños.
Negaré el voto a aquellos que se promocionan con afiches pegados indiscriminadamente por toda la ciudad, que pintan las aceras, postes, paredes de las casas y zonas regeneradas, lo cual resulta una agresión al respeto de las personas y la ciudad, pues nos toman por un enorme basurero. Sería bueno que las maquinarias propagandísticas de candidatos se pusieran a meditar acerca de las publicidades; y además la que es por televisión, y que con sus cortes fastidian al televidente, y en vez de lograr aceptación terminan por ser contraproducentes ya que muchos optamos por cambiar de canal o bajamos el volumen.
Meditemos en la agresiva campaña de los políticos y de quienes están promoviendo el voto “en plancha” para aceptar a todos los personajes de la lista, en la que la mayoría son caritas que sirven de relleno, personas sin criterio político, o políticos no confiables, desprestigiados.
Alcides Maldonado Mata
Quevedo