Jueves 12 de octubre del 2006 Cartas al Director

Sinfónica del Guasmo

El 3 de octubre tuvimos la oportunidad de asistir al Teatro Centro de Arte de la Sociedad Femenina de Cultura, gentilmente facilitado para escuchar a la Orquesta Sinfónica Juvenil del Guasmo.

En muy pocas ocasiones se tiene en Guayaquil la oportunidad de sentir la rara emoción de escuchar a un grupo de jovencitos, hombres y mujeres, conformando la Sinfónica del Guasmo, ejecutando música selecta de compositores como Offenfach Grieg, Mascagni, Mancini y Andrew Lloyd; y sorprendiéndonos con admiración este grupo de chiquillos de diversas escalas sociales.

Extraordinario conjunto unido bajo la tutelar magia del arte musical, nos dejó en el espíritu una sensación de que sobre todas las cosas, permanece en el ser humano el ritmo armonioso de la inspiración musical. De ahí el decir: “Cuando acaban las palabras, empieza la música”.

Los artistas que nos deleitaron con su ejecución, aún no son maestros absolutos del arte musical. Apenas empiezan sus vidas activas. ¿De dónde les nació este embrujo que los hizo inspirarse para tomar clases de música, si algunos quizás tenían otras apremiantes necesidades, ¿ocuparse de otras actividades? En verdad tenemos que pensar que desde arriba, Dios los ha mirado con alegría y señalado el camino a la superación de sus ambiciones o inclinaciones, ese misterio que nutre el espíritu del ser humano para elevarlo y sobreponerse de la mediocridad hacia las cumbres del éxito.

Este maravilloso grupo de 40 jovencitos está patrocinado por varias fundaciones e importantes empresas de Guayaquil, por personas privadas y un selecto grupo de damas de la ciudad.

Aquellos músicos, con futuros promisorios, nos han dejado un obsequio para los oídos, el espíritu, y para comprender mejor la excelencia que puede lograr este grupo privilegiado de chiquillos con disciplina temperamento, entrega, voluntad, y decisión, a una de las artes más excelsas como es la música. Quienes se abstuvieron de ir, no podrán entender lo que se perdieron. Si acaso se repite este fugaz concierto tan bien dirigido por Alexandra Carriel, y coronado con la maravillosa voz de Astrid Achi, no se roben esta oportunidad de sentirse orgullosos de escuchar a estos jóvenes que regalaron una inesperada dádiva a los afortunados espectadores.

Leonor Estrada de Vinueza
Guayaquil

Cartas al Director

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