- OCT. 12, 2006 - Foto - El País - EL UNIVERSO
En la habitación 409 del área de Traumatología del hospital provincial Ambato, con custodia policial, está internado Marco Antonio Quispe Jácome.
Sus piernas están vendadas luego de las curaciones realizadas a causa de las quemaduras que sufrió en la parroquia Pelileo Grande.
Quispe dice que no puede comprar la receta que le dejó el médico para seguir con el tratamiento antes de ingresar a cirugía, porque su madre, que vive en Salcedo, Cotopaxi, no sabe lo que le sucedió.
Señala que vive con su progenitora; lo que gana como radiotécnico no le alcanza para los gastos de la casa, lo que le motivó a querer robar en Pelileo Grande, “sin conocer que ahí quemaban a la gente”, indica.
Se mostró arrepentido de pretender ir por lo que llama el mal camino y aseguró que después de salir del hospital seguirá con su trabajo.
Agrega que no tiene la intención de hacer nada en contra de quienes pretendieron quemarlo vivo, “porque no tengo los recursos económicos para esos trámites”.