Miércoles 11 de octubre del 2006 Cartas al Director

Tenemos el poder en el voto V

Es de esperar que cualquier candidato a una dignidad aspire a llegar a la misma mereciendo el respeto de sus electores y luego lo mantenga durante todo su mandato.

Para lograr este respeto es necesario que sus actuaciones guarden una línea de conducta y que su comportamiento sea coherente con la obtención de ese respeto. El respeto ciudadano tiene su origen  en la confianza que tenga la ciudadanía en el juicio y en las opiniones del candidato.

¿Cómo se obtiene la confianza en las opiniones y en el juicio de una persona? La única manera conocida de obtener esa confianza es cuando la misma tiene espíritu abierto a la crítica que se pueda presentar sobre sus opiniones y su conducta, escuchando todo lo que se diga contra él, aprovechando lo que sea de aquello que escucha, y explicándose a sí mismo y a los demás todo lo que considera erróneo; rectificando y corrigiendo de manera abierta los errores que su juicio previo pudo haber originado.

El hombre es capaz de rectificar sus equivocaciones solamente por medio de la experiencia y la discusión. Según el filósofo John Stuart Mill, no solo por la experiencia, puesto que es necesaria la discusión para demostrar cómo debe ser interpretada la experiencia. Nuestro análisis electoral debe entonces orientarse a buscar y encontrar entre los candidatos a aquel que merezca nuestra confianza –de manera razonada– en su juicio y sus opiniones. Aquellos candidatos intolerantes, que no dan cabida a la crítica, no hacen un análisis de las opiniones de sus contrarios para explicar al electorado por qué esas opiniones no son ni deben ser aceptables, sino que se limitan a descalificarlas grotesca y burlonamente; aquellos que desprecian el conocimiento de sus detractores sin justificar de manera analítica ese desprecio, no merecen la confianza en su juicio ni en sus opiniones.

El juicio de una persona es la capacidad que le permite tomar decisiones: estas decisiones serán acertadas para quienes consideran que el juicio de  ese ser es confiable, y serán desacertadas para aquella gente que crea que el juicio de esa persona no es confiable; sin embargo, en un análisis imparcial, si las características de una persona se enmarcan en el concepto de no tener un juicio confiable, por más que existan seguidores, no queda más remedio que concluir que esos seguidores o no están analizando las características de quien van a elegir o lo están apoyando porque tienen algún interés particular que no coincide con el general, y se hacen de la vista gorda frente a esas características. O, lo peor, guarda las mismas características expresadas anteriormente, que sus intereses particulares radiquen en hacer que la persona tome decisiones con juicio desconfiable para tomar ventaja de las consecuencias de esas decisiones. La recomendación es que el pueblo no debe votar por quien tenga las características de una persona que no merece la confianza en su juicio.

Ing. José M. Jalil Haas
Quito

Es mi apreciación personal, y de mucha gente con la que comparto criterios, que se ansía la época de elecciones, pues para la gente pobre de esta patria  significa esperar uno que otro regalito si el candidato no es tan austero en su gasto; no importa lo que sea: asistir a uno que otro programa tecnocumbiambero en el barrio donde se podrá divertir con  la familia a costa del candidato; o queda la alternativa de ver programas de “chistes”, perdón, espacios políticos contratados –y los pagados por el Estado ecuatoriano– que no hay cómo perdérselos, la verdad es que son muy buenos, hay que ver la iniciativa que tienen para inventar cosas de sus contrincantes y la de estos para sacárselas como torero, y no falta el momento de sentir vergüenza ajena cuando ciertos periodistas hacen trapo a los recién llegados.

Si lo tomamos a la ligera, eso nos entretiene; pero están jugando con el futuro de este país donde vivimos y donde nos gusta vivir; el país de nuestros hijos y de su descendencia. ¿Les preocupa a ellos tanto como a nosotros? Es probable que no, puesto que todos tendrán la posibilidad de salir huyendo en cuanto la cosa se ponga más color de hormiga, con familia incluida; ¿y nosotros?, aspiramos a más compromiso, más amor por el país, más entrega. No desestimo la inteligencia de todos aquellos que están en la contienda política. Sí lo hago con sus intenciones que hasta este momento, y a pocas horas, siguen muy escondidas para el elector.

Cecilia Isabel Pogo Romero
Guayaquil

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