Al contemplar la belleza de la naturaleza, aprecio la omnipresencia de Dios.
NATURALEZA
La belleza de la naturaleza está por doquiera. Esa belleza puede encontrarse en espacios pequeños, tales como un jardín en una terraza o en una laguna. La naturaleza cobra vida en el panorama majestuoso de un bosque o en la sutil quietud de un valle.
Bien me encuentre en el océano o la montaña, en el desierto o en las llanuras, donde estoy en contacto directo con la naturaleza, estoy consciente de que la vida de Dios me rodea y envuelve. El aliento de Su espíritu está en el viento y la sustancia espiritual está en la tierra.
En la naturaleza, veo, percibo y respondo al omnipresente espíritu de Dios en todas Sus diversas expresiones. Disfruto de la gloria divina que se expresa en cada árbol, cada flor y cada arroyo.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”.
–Salmo 19:1