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A las diecinueve horas treinta, tal como estaba anunciado, ingresaron al escenario del Centro de Arte los integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Guasmo. Luego lo hizo lo directora Alexandra Carriel.
Estaban allí, cuatro años después de su nacimiento para demostrar su talento y los resultados que se obtienen con disciplina y dedicación.
En el año 2002, cuando nació el Centro de Expresión Musical de la Fundación Huancavilca, fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo para auspiciar su inicio y en alianza estratégica con la Fundación Sinfónica de Guayaquil, el Municipio de Guayaquil y la Fundación EL UNIVERSO. La Fundación Huancavilca, dirigida por Lourdes Luque, asumió la administración y ejecución del proyecto.
El camino no ha sido fácil, pues el apoyo económico del BID tenía un plazo que se cumplió con los resultados previstos. Desde entonces, Fundación Huancavilca asumió la búsqueda de fondos que los ha ido obteniendo del Banco Central, de personas y empresas privadas, de alguna ONG extranjera. Y el programa se ha mantenido.
Ahora podemos asistir con orgullo al concierto de una orquesta nacida del corazón mismo del Guayaquil pobre y oír con emoción cómo interpretan a Offenbach, Grieg, Mascagani y Lloyd y cómo son capaces de acompañar a Astrid Achi cuando canta temas nacionales y algunos clásicos de América Latina. Y escuchar solistas, como Iván Medina en el trombone, casi más grande que él, o Henry Merchán en el violín.
Al finalizar el concierto, la directora de la Fundación Huancavilca pidió un aplauso para la platea alta, allí estaban los padres y las familias de los músicos, que aceptaron el reto de acompañarlos y respaldarlos en una actividad hasta entonces inusual entre ellos.
Es probable que la presencia de la música en algunos hogares del Guasmo haya generado cambios en el comportamiento y uso del tiempo de los jóvenes y en la perspectiva cultural de sus familiares y vecinos, que era el objetivo final del programa.
Al escucharlos, es inevitable pensar en cuánto talento existe en nuestro país y cómo nos damos el lujo de desperdiciarlo por falta de políticas apropiadas para el desarrollo cultural. Y entonces se volvió más evidente que de esto no han dicho nada los candidatos que están solicitando nuestro voto, es como que no se dieran cuenta de que el país sería distinto si tuviéramos más clubes del libro, más orquestas, más grupos de teatro, más clubes de ciencia, más concursos de inventores. Seríamos entonces más creativos, más autosuficientes, y, sin duda, el Ecuador sería un lugar más seguro y más amable, un mejor sitio para que todos vivamos con paz y dignidad. ¿Le daremos algún día su espacio a la política cultural? |