lunes 02 de octubre del 2006 Columnistas

Educación sexual


La pregunta de si el poder, el dinero y el sexo están a servicio del hombre, o el hombre está a servicio de estas realidades humanas, valiosas en sí mismas, se la plantearon ya, a su manera, Adán y Eva; esa pregunta pide también hoy una respuesta. La pregunta no supone una oposición entre la persona humana y estas sus realidades. En el calor de la discusión con frecuencia eludimos el núcleo de la pregunta, quedándonos en asuntos conexos, para regir el esfuerzo unido a la respuesta de que estas realidades están a servicio de la persona humana.

La pregunta más concreta, que hemos de responder creyentes y no creyentes, es esta: ¿La unión sexual de un varón y una mujer tiene algún elemento que la diferencia de la unión sexual de los animales? La misma pregunta puede expresarse con este interrogante ¿La unión sexual del varón y la mujer es sólo un yo te uso, tú me usas, o es un salir de sí mismo para encontrarse con el otro y ser feliz, haciendo feliz?
¿Es una yuxtaposición de dos egoísmos, o es una expresión de amor?
Una pregunta trae otra:  estando de acuerdo en que educar en el aspecto biológico de la unión sexual es un bien y un adelanto, ¿es humano reducir la educación sexual a lo biológico? ¿No es acaso dejarla en el plano meramente animal? La educación sexual debe incluir también la apertura al amor, es decir, a encontrarse con el otro, como persona y no como cosa, objeto de consumo.

La civilización de consumo, dentro de la cual se han pronunciado también algunos “cristianos”, menosprecia como a insensibles y retardatarios a los que afirman que el sexo es un lenguaje de amor. Este calificativo viene de entidades al servicio de potencias y empresas farmacéuticas, con grande experiencia en comprar votos y voluntades.

A contraluz, Benedicto XVI afirma: “El progreso es verdadero, solo si sirve a la persona humana y si la persona humana crece integralmente, no solo en su poder técnico, sino en su apertura y respeto al otro”. Afirma que la ciencia que se empeña en aliviar el sufrimiento se demuestra rica de humanidad, por el ingenio empleado en la investigación y por el servicio a los enfermos.

Como servidor de la felicidad humana, alienta a la Federación Internacional de las Asociaciones de Médicos Católicos en el estudio de las células estaminales, para curar con ellas varias enfermedades. La investigación acerca de las células estaminales somáticas conjuga el saber científico, la tecnología más avanzada. Las perspectivas son fascinantes, porque dejan entrever la posibilidad de curar la degeneración de tejidos y los consiguientes riesgos de invalidez o de muerte.

Utilizar las células del cuerpo adulto sin recurrir a la supresión de seres humanos concebidos confirma la validez de la permanente invitación del magisterio de la Iglesia a respetar el ser humano desde su concepción.
Hay que buscar el bien de la persona humana no por medios contrarios a la humanidad, como la supresión de un ser humano concebido e indefenso.

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