Viernes 29 de septiembre del 2006 El País

Reclusas se quejan por falta de local en Cuenca

CUENCA | Sandra Ochoa, redactora

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CUENCA.– Ante la falta de espacio varias reclusas han instalado carpas en el patio del Centro de Rehabilitación de Mujeres donde pasan la mayor parte del día, pues allí hacen sus tareas cotidianas.

El Centro de Rehabilitación femenino no tiene edificación propia y alquila una vieja casona anualmente.

La imposibilidad de pago ante el incremento de la renta del local donde funciona el Centro de Rehabilitación de Mujeres  puso en alerta a su administración, especialmente a Luis Zhunio, actual director, quien pensó incluso en un traslado de la institución.

Según Zhunio, cada dos años se renueva el contrato de arriendo desde hace quince años, pero en los últimos tiempos eso ha significado un incremento de la renta. Hasta el mes anterior se pagaron $ 950, pero al terminarse el contrato el costo subió a $ 1.157, más IVA.

A inicios de la semana, la Dirección Nacional de Centros de Rehabilitación no dispuso la renovación del contrato de arriendo por ese monto y más bien se preparaba el traslado de las reclusas al Centro de Rehabilitación de Varones de Azogues. Sin embargo, el contrato se firmó el miércoles  y regirá hasta junio del 2007.

Según Zhunio, la vieja casona donde permanecen 76 reclusas tiene capacidad para 90  y no hay hacinamiento, pero en los dormitorios se refleja otra realidad, pues estos son compartidos por 20 o más detenidas.

“Aún tenemos un ambiente sano, pero las incomodidades están a la vista”, dijo Rossana, una joven de 20 años que espera su sentencia desde hace tres cuando fue detenida por sospecha de robo.

También Mary, de 40, quien lleva tres años recluida y aún le faltan cinco para cumplir su condena por tráfico de drogas, pidió a las autoridades mayor atención. “Ya es hora de que nos traten como seres humanos”, acotó.

Las habitaciones no son el único problema de este centro, además, la falta de baterías higiénicas y lavadores de ropa se evidencia todos los días y provocan enfermedades como hongos en los pies, según las reclusas. “Hay solo tres baños y desde las 06h00 hasta las 09h00 hacemos cola para bañarnos”, dijo Mayra, de 18 años, acusada de robo.

La vieja casa cuenta con dos patios y en lo que alguna vez fue una huerta  se instalaron dos talleres, uno para armar y pegar sobres y otro para actividades manuales. En la parte posterior, la mitad del terreno se utiliza como lavandería  y la otra, como cancha de voleibol, indorfútbol o gimnasio.

Alrededor de esta cancha varias reclusas instalaron carpas plásticas en cuyo interior hay colchones, cobijas, sillas  y hasta pequeñas cocinas, donde las reclusas pasan la mayor parte de su tiempo.

El País

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