Miércoles 27 de septiembre del 2006 Cartas al Director

Chantaje judicial IV

Los videos presentados públicamente muestran nada menos que al hijo de un alto magistrado negociando un arreglo judicial con cifras millonarias, han convulsionado a la opinión pública por la constatación descarnada de lo que ya, desde hace mucho tiempo, es un secreto a voces.

Más allá de que si uno de ellos es inocente o culpable en el juicio que se le sigue, el caso también toma otra importancia mayor, revela con imágenes la podredumbre judicial que reina a todo nivel, desde la Corte Suprema hasta el último de los juzgados. Quien ha pisado alguna vez una Corte de justicia sabe que lo presentado en el video se repite diariamente en restaurantes, hoteles, bares o domicilios en citas clandestinas en las que se negocian las sentencias.

Lo que sí debemos reflexionar son en dos cosas: el oscuro papel del equipo en la selección y nombramiento de los ministros jueces actuales. Juraron que esta era la Corte ideal y que habían sido muy rigurosos al escoger. Han pasado pocos meses y vemos un espectáculo que ni siquiera los cuestionados jueces de la Pichi Corte protagonizaron. Se burlaron del país.

En segundo lugar, la posición de tratar de minimizar la actuación de los ministros jueces –nombrados con venia- con el argumento de que a alguien no se le puede creer porque es un delincuente; podrá ser lo que sea, no es un ángel. Además, lo indignante  es que los padres de la justicia, quienes deben velar por el cumplimiento de la ley, sean tan o más delincuentes que los acusados y que ex presidentes justifiquen y encubran.

Sandra Miranda Santos
Guayaquil

Cuando hay errores de los ministros jueces de la Corte Suprema lo pasan por alto sin sanción. Vamos a ver qué sucede con el caso de un ministro al que se lo suspendió primero con sueldo, y a otros dos se les dio primero licencia con sueldo.

No comprendo cómo el Ministerio Fiscal no  pone tras las rejas a todos los involucrados en este episodio que involucra a la CSJ. Los jueces corruptos y amarradores, y la otra parte corrupta, un día se enfrentarán con el Divino y Magistrado rostro en el juicio final.

Ese será su verdadero castigo, porque en esta tierra, el Ecuador, la justicia es de Ripley.

Gustavo Varas Guerrero
Guayaquil

Definitivamente en Ecuador hemos tocado fondo con la corrupción que existe de forma descarada. Los ecuatorianos nos encontramos muy  indignados por este último caso de compra y venta de sentencias en la Corte Suprema de Justicia.

La audacia llega al extremo de pedir que sean sometidos al detector de mentiras por parte de algunos señalados por estas inmoralidades en la administración de justicia. Si tomamos en serio esta medida para establecer quién es el mentiroso, ninguno querrá someterse esgrimiendo algún pretexto, y con toda seguridad quienes juzgan también buscarán excusas para no aplicarla; no obstante, es tan necesaria para establecer responsabilidades en toda investigación, pero en especial cuando se dan los actos de corrupción en los tres poderes del Estado.

Ojalá que se implemente el sometimiento del detector de mentiras como disposición obligatoria en todos los procesos, de manera que se cometerían menos injusticias en nuestro país, y sería un duro golpe para los corruptos de siempre y constituiría algo de prevención.

Sugiero hacer tres preguntas a los candidatos a la Presidencia de la República, pero sometidos al detector de mentiras: ¿escogerá a los altos funcionarios de su gobierno pagando favores de los aportantes de la campaña, o a los mejores ciudadanos honestos, capaces y conocedores del ámbito y materia de la función que ejercerán?; ¿combatirá la corrupción en toda la administración pública sin importar nexos de amistad, políticos y familiares, con dureza y entereza?; ¿pactará con todo tipo de fuerza política o económica a pesar de que vaya en detrimento de los intereses nacionales? Si son sinceras las respuestas podremos salvar al país de la corrupción, tener más recursos económicos para combatir la pobreza, mejorar la salud y educación de nuestros compatriotas.

Efrén Roca Álvarez
Guayaquil

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