- SEP. 27, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Alguna vez escuché a María Kodama (la viuda de Borges) decir a un periodista que dudaba con hacerle una pregunta muy personal: “Pregunte nomás. Usted tiene todo el derecho de interrogar y yo todo el derecho de no responder”.
Ayer se realizó el segundo debate presidencial. Esta vez organizado por la Cámara de Comercio de Quito. Para el segundo round, los organizadores dieron paso a una extensa cadena de televisoras y estaciones de radio de todo el país. En televisión de alcance nacional se prefirió una alianza con Gamavisión y TC Televisión y se encargó la conducción a Gonzalo Ruiz Álvarez.
En el primer debate hubo críticas porque las preguntas planteadas a los candidatos respondieron a una agenda básicamente empresarial. La respuesta fue que al ser un debate convocado por un gremio productivo, la temática era lógica e inevitable.
Ayer se dio una vuelta de tuerca. Las preguntas no solo revelaron una agenda temática sino de toma de posiciones previas: refuerzo de la institucionalidad actual y vigencia de la ortodoxia económica. Si se considera que dos de los tres candidatos presentes plantean lo opuesto: reforma política con asambleas constituyentes y/o consultas populares y heterodoxia económica, fue un partido en cancha visitante.
Habrá que esperar al tercer debate, el ‘Foro presidencial’ que anuncian Ecuavisa y CNN, para ver si al fin presenciamos un debate bajo términos periodísticos y, sobre todo, bajo una agenda equilibrada y sin sesgos preliminares.
Pero ya que se habla de sesgos, lo de ‘Este lunes’ fue la curvatura del círculo. Rafael Correa no acudió a la cita, probablemente porque estaba a esa misma hora en el debate presidencial. O porque quería evitar el encuentro con Jorge Ortiz, quien se ha transformado en su mayor contradictor político desde la pantalla.
¿Alguna duda? Después de lo del lunes, no cabe ninguna. Si Correa no estuvo, lo que servía al televidente era que se desmenuzara su pensamiento y su trayectoria imparcialmente, desde los distintos lados que supuestamente reivindica el programa. Lejos de eso, se sometió al candidato al juicio de analistas de pensamiento opuesto (en los reportajes, fue más atenuado).
Por último, se dijo que se analizaría la situación política general, pero Correa fue el eje. De ahí que un lector escriba: “Jorge Ortiz no hizo otra cosa que emitir un programa viciado de parcialidad. No sé bien a quién apoya, pero lo que es seguro es que durante todo el programa no hizo otra cosa que dar una información sesgada, con la mayor intencionalidad de desacreditar al señor Correa. Me pregunto, entonces, ¿dónde queda la objetividad y la imparcialidad en el periodismo?”.