En las zonas regeneradas y el norte de la urbe se evidencia el auge de estos negocios. Montarlos genera fuentes de empleo y requieren mucha dedicación.
Se han convertido en los sitios ideales para la distracción, encuentros sociales y por qué no, de negocios. Son bares, restaurantes y cafés, que especialmente en la zona norte y las regeneradas del centro de Guayaquil se expanden aceleradamente.
La Cámara Provincial de Turismo del Guayas, a través de su portal www.turismoguayas.com, da cuenta de aquello al ofrecer a quienes visitan la ciudad un directorio de 166 restaurantes, 57 cafés y 77 bares de todas las categorías. De ellos, 128, 38 y 30, respectivamente, están en el norte.
Mientras que en el centro constan afiliados 31 restaurantes, 17 cafés y 35 bares.
Según Álvaro Solórzano, director de Espacios y Vía Pública del Municipio de Guayaquil, el repunte de estos establecimientos tiene su origen en la aprobación de permisos para el funcionamiento de centros nocturnos en la calle Rocafuerte (Zona Rosa).
Y la tendencia, sostiene, apunta a abrir cada vez más locales formales, porque la competencia crece. Aunque no maneja cifras sobre el incremento que ha experimentado este sector, estima que por cada bar o restaurante que cumple su ciclo y cierra hay cuatro que tramitan permisos para su apertura.
En lo que a cafés se refiere, algunos de los inaugurados este año reflejan que, más que una moda, son atractivos negocios para los empresarios.
La cadena de comidas rápidas McDonalds, por ejemplo, incursionó en este segmento al abrir su primer McCafé en la Av. Francisco de Orellana, en julio pasado, con ocho empleados solo para esa área. Ese café, junto a su restaurante tradicional, puede albergar hasta 250 personas y cuenta con 60 plazas de parqueo.
Según datos del 2004, del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el 59% de la fuerza de trabajo del sector hoteles, restaurantes y servicios del país lo generan las actividades de obtención y dotación de personal; investigación y seguridad; hoteles y hospedajes; y restaurantes, bares y cantinas.
De hecho, diez personas, entre cocineros, saloneros y un cajero, contribuyen diariamente para que Tijuana, restaurante de gastronomía mexicana, situado en Víctor E. Estrada e Ilanes, atienda al público desde el mediodía hasta pasada la medianoche.
En este lugar, Antonio Tomalá o Toño, el chef, como lo llaman sus conocidos, tiene la ventaja de dominar la cocina y a la vez administrar el negocio. Trabaja en sociedad con Julio César Chávez, el dueño, y dice estar convencido del potencial que aún tiene la ciudad para levantar más establecimientos de comida, bebidas y entretenimiento.
“Yo vivo de esto. Muchos negocios no duran porque se toman con ligereza y esto es de mucha dedicación, esfuerzo y creatividad”, afirma.
Hace ocho meses, Tijuana decidió diversificarse y añadió la categoría de bar a su establecimiento. Para ello adecuó un piso con capacidad para 70 personas, en el que se presentan shows musicales, karaoke y se pueden festejar cumpleaños o eventos sociales.
También al norte, en los bajos del edificio Centrum, donde opera la telefónica Porta, se aperturó hace pocos días un Fashion Café. Aunque se trata del tercero con ese nombre en la ciudad, se diferencia de los otros porque, esta vez, surgió de una alianza entre los propietarios de la marca y la empresa de cosméticos Yanbal.
César Mancheno, gerente financiero de la firma, explica que el sitio, cuyo valor agregado es un centro de capacitación, se aprovechará para realizar presentación de productos, desfiles de modas, bisutería y otros eventos que fortalezcan la imagen de Yanbal.
La competencia, no obstante, es dura, y eso lleva a quienes apuestan por estos negocios a mostrar variedad. Gioconda Larrea lo entendió así y junto con su esposo, de nacionalidad libanesa, creó el Café Tarot Albazara (término con el que se conoce a las mujeres que leen la taza y el tarot).
El sitio, abierto al público hace tres semanas en Urdesa (Víctor E. Estrada y Las Monjas), está ambientado en la cultura libanesa, tanto en su decoración, como en la música, los piqueos y bebidas que ofrece.
Montarlo, indica, implicó dos meses de trabajo y una inversión de $ 15 mil a $ 20 mil.
¿Por qué un lugar de este tipo? “La gente quiere lugares para relajarse y recibir energías positivas. Aquí pueden hacer eso, tomarse un café y además disfrutar de un espectáculo de danzas árabes”, responde, al tiempo de afirmar que resulta rentable.
En una noche, comenta, en promedio se pueden lograr ventas de entre 800 y mil dólares. Esto le permite recuperar de a poco la inversión y además solventar a su personal: tres cocineros, un bartender y dos saloneros.
Es que estos negocios, además de atender a una demanda creciente –64,9% de 3.650 hogares encuestados por Pulso Ecuador prefiere comer en restaurantes a llevar comida o pedirla a domicilio–, aportan con fuentes de empleo.
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ESTABLECIMIENTOS
de comida y diversión nocturna en Guayaquil promociona la Cámara de Turismo.