Domingo 24 de septiembre del 2006 La Caja

El yin y el yang de la televisión electoral

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Muchos sectores señalan que Correa es un candidato ‘mediático’. Según el último monitoreo de Participación Ciudadana, es el que más capta la atención de la televisión. Desde otras candidaturas se han dado ataques verbales contra los medios y la agresión de parte de simpatizantes del PRE a un equipo de Teleamazonas.  León Roldós, en cambio, trata de renovar su imagen en las pantallas.

El lunes se estrenó ‘Decisiones presidenciales’ en Ecuavisa. Muchos  lectores de mi columna  vieron en la entrevista de Alfonso Espinosa y Alfredo Pinoargote una alineación con las tesis del candidato Rafael Correa. Varios lo comentaron   en duros términos.

El jueves en ‘La caja’ sostuve que observaba un cierto acercamiento de Ecuavisa al candidato León Roldós, pero la política es dinámica. Por otra parte, no es un misterio que el reconocido editorialista de Vistazo ve con simpatía las tesis de la asamblea constituyente y, además, es quien ha popularizado el término de la “partidocracia” para definir el actual statu quo. 

En cuanto a los apoyos y las definiciones políticas de los distintos actores televisivos, no hay que satanizarlos. En caso de creerlo conveniente, medios o comentaristas tienen derecho de asumir posiciones. Lo que se pide es transparencia y que no se afecte la neutralidad informativa frente al proceso electoral.

Si dejamos por un momento ese debate, se abre otro rico territorio para el análisis: el de saber si existen candidatos mediáticos o contramediáticos… En las elecciones presidenciales del 2002 hubo una situación muy clara: Lucio Gutiérrez fue la sorpresa, pero además fue el candidato que ni medios ni encuestadoras tomaban en serio.

Cuando ganó la primera vuelta, la situación cambió: el discurso de que estábamos ante el abismo de un nuevo Chávez o de un militar golpista sin ninguna preparación cobró fuerza en las pantallas. Esta visión no tenía contrapeso mediáticamente: Gutiérrez es una figura sin atractivo de imagen o que tenga un discurso coherente. Sin embargo, ganó las elecciones y después vino lo que vino…

Hoy la cosa cambia. Estamos sin duda ante las elecciones más televisivas que se recuerden y no me refiero al peso del medio en las decisiones de los electores, sino a la lógica de comunicación que está determinando buena parte del panorama.

En un lado de la moneda, la seducción o atracción que ejerce la imagen. En el reverso, los intentos de construir un discurso de cierta coherencia racionalista.

¿Por qué la coexistencia y el conflicto de imagen y discurso son muy televisivos? Más allá de lo técnico, si algo define a la televisión es la contradicción de dos elementos tan íntimos como el yin y el yang.

En una dimensión predomina la imagen de impacto, fragmentaria, caótica, no lineal ni secuencial.  En otra está el intento de dar un orden, una racionalidad y un sentido al caos de la imagen a través de ejes editoriales, parrillas de programación y los formatos.

Bajo este esquema, vemos que Rafael Correa y León Roldós son candidatos que comparten una misma situación, aunque en los polos opuestos. En Correa está la fortaleza de la imagen vs. la debilidad del discurso. En Roldós, la fortaleza del discurso vs. la debilidad de la imagen.

Curémonos en sano: Ni la imagen es más importante que el discurso ni al revés. Todo es muy importante para tener un producto comunicacional exitoso en nuestra era. Así que en el análisis no hay valoración alguna a favor de algún candidato.

Tenemos una situación en que los dos aspirantes que puntean las encuestas son al mismo tiempo candidatos mediáticos y contramediáticos.

Para el resto de postulantes predomina la indiferencia (el último reporte de Participación Ciudadana tiene cifras contundentes), que solo es cortada cuando ocurren incidentes como la agresión de un grupo de partidarios del PRE en contra de un camarógrafo de Teleamazonas (comandados por Dalo Bucaram, según el canal ) o cuando Fernando Rosero logra atención con la denuncia de un  posible fraude y el pedido de renuncia del Ministro de Defensa.

En territorio socialcristiano  ha sido necesario que  León Febres-Cordero  apuntale a la candidata con un nuevo spot  que  muestra al ex presidente de la República estableciendo los tres ejes del programa de gobierno…

A Correa se lo ataca desde la racionalidad, desde los sesudos análisis de las “cabezas parlantes” de la televisión. Y no faltan razones, su discurso no es propositivo sino confrontativo o de rechazo.

Al mismo tiempo, su imagen ejerce una irresistible seducción para las cámaras: joven, atractivo, sonriente, brillante, fácil de palabra y buenos reflejos políticos, claro en su mensaje.

En Roldós está lo otro. La racionalidad predomina en su discurso. Los mismos analistas de la televisión que rechazan a Correa, ven en él la posibilidad de un cambio ordenado, sin sobresaltos, con planteamientos realistas y posibles.

Sin embargo, su imagen no es atractiva para atraer audiencia televisiva: pausado, tono de voz neutro, una imagen vieja, poco innovador aun en situaciones conflictivas.

Mediáticos y contramediáticos, al mismo tiempo. La contradicción solo es posible en tiempos de lógica y contralógica, siempre televisiva.

La Caja

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