El más importante es el que sirve más y sirve mejor
1.– El mensaje de la Palabra de Dios:
Los discípulos siguen sin entender el mensaje de Jesús y tienen miedo de preguntarle: solo piensan en quién será el que “mande” en la nueva comunidad.
Jesús les da una lección magistral sobre las duras exigencias del discipulado atacando de raíz el afán de poder: grande es solamente aquel que, en actitud de servicio, se interesa por el prójimo de manera afectiva y efectiva.
Se es grande, no cuando se ocupa un puesto de relevancia, sino cuando se sirve a los miembros más débiles de la sociedad.
2.– ¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Ser verdaderos discípulos sirviendo a las personas más necesitadas.
Jesús formula un principio que cambia radicalmente el concepto de autoridad: el que manda debe ser el servidor de todos.
“Competir” por el “primer puesto” está fuera de lugar en la comunidad cristiana. Nos resulta difícil aceptar la lección de Jesús: porque nos gusta ocupar los primeros puestos, buscamos nuestros intereses, y despreciamos a las personas que cuentan poco en la sociedad.
Jesús establece un nuevo criterio, revolucionario, para medir a las personas: si alguien quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
El estilo de Jesús, aunque cuestione nuestros esquemas mentales y sociales, debería ser nuestro estilo, nuestra norma de vida.
¿Estamos dispuestos a servir, o preferimos que nos sirvan? ¿Servimos a los otros y nos ponemos a su disposición, o nos servimos de los otros y los sometemos a nuestros intereses?
Hoy es una buena oportunidad para actualizar nuestra escala de valores sociales.
3.– ¿Cuál es mi respuesta hoy?
* Los discípulos pensaban en utilizar a Jesús para realizar sus proyectos de grandeza.
¿No hacemos, a veces, eso mismo nosotros?
* Servir a los demás, servirse de los demás: ¿cuál es nuestro estilo de vida?
* La eucaristía dominical, ¿nos ayuda y nos exige morir un poco más, cada semana, a nuestro egoísmo y resucitar a la entrega?
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero Él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”. Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.
Llegaron a Cafarnaum, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?”. Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante.
Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe.
Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado”.
Palabra del Señor.
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.