martes 19 de septiembre del 2006 Columnistas

Vacío cívico

Habiendo podido analizar la problemática de nuestras regiones con Rubén Costas hace un año, tuve ahora el privilegio de poder conversar con Carlos Dabdoub y Walter Justiniano, quienes  representaron a Bolivia en el Primer Foro Internacional por la Autonomía y la Libertad, organizado por Corporación Guayas.

Pese a que las relaciones y el comercio con Bolivia han sido muy limitados, la similitud entre sus regiones que luchan por la autonomía con las ecuatorianas es sorprendente. Sobre todo, entre Santa Cruz y Tarija con Guayas y Manabí. Estos departamentos y provincias lideran la batalla pro autonomía en ambos países. Sus diferencias geográficas, culturales y étnicas con las demás zonas andinas de sus respectivos países son casi un retrato. Todas han sufrido similares problemas producto del centralismo, siendo las más productivas y pobladas, liberales por historia y convicción. Aquellas regiones también tuvieron que recoger medio millón de firmas para convocar a una consulta popular por autonomía, la cual también ganó por amplio margen de votos; cuyo resultado el Congreso y el Ejecutivo tampoco respetaron.
Los departamentos bolivianos en mención lograron avances gracias a la ley de regalías departamentales de hidrocarburos. Nosotros pudimos arrancarle al centralismo la ley del 15% y  luego la ley del 25% del Impuesto a la Renta. Estas regiones bolivianas fueron las promotoras del estatuto autonómico que hoy se discute, así como Guayas y Manabí las primeras en elaborar un proyecto de ley al respecto.

He aquí la diferencia: en Bolivia, la lucha la lidera el Comité Cívico Pro Santa Cruz, el cual, ajeno al proselitismo político y fundado hace casi medio siglo, ha logrado ser incluyente. En él están representadas más de 200 organizaciones de la sociedad civil; mientras que los guayaquileños hemos sido excluyentes. En nuestras instituciones, solo las élites opinan. Este Comité Cívico sí representa a las fuerzas vivas de Santa Cruz. Tanto, que en el 2004  realiza el Encuentro por la Autonomía y el Trabajo con una masiva asistencia de 150 mil cruceños, que luego se constituiría en el Primer Cabildo Abierto del siglo XXI. El Comité lanzó las Once Tareas fundamentales para la refundación del país, que hoy  pone en práctica la institucionalidad cruceña. Tal es su aceptación y poder de convocatoria, que son capaces no solamente de lograr que medio millón de personas firmen por la autonomía, sino también de movilizarlas para defenderla, como lo demuestra el titular de uno de los mayores diarios bolivianos: ‘Autonomistas paralizan la mitad de Bolivia’. En Guayaquil, solo el Alcalde tiene tal poder de convocatoria y movilización, quien, para el bien de la ciudad, es autonomista por convicción. Pero Jaime Nebot ni será alcalde eternamente, ni vivirá por siempre. La concreción y posterior profundización de nuestra autonomía solo podrá lograrse cuando la sociedad civil pueda organizarse en torno a instituciones en las cuales se sientan escuchadas, no como en las juntas y comités actuales. ¿Que pasaría si en Guayaquil no existiera un líder de peso,  y arrojasen bombas a un canal de televisión que apoya las autonomías, como ha ocurrido en Santa Cruz? Nuestras élites tienen mucho que aprender de nuestros amigos cruceños.

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