- SEP. 19, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Si hubiera algo parecido a un santoral católico y televisivo, el australiano Steve Irwin, “el cazador de cocodrilos”, habría sido elevado a los altares bajo la categoría de mártir. Su muerte, aguijoneado por una raya mientras filmaba un capítulo de la serie de televisión de su hija Hindi Sue y su vida “cocodrilesca”, son razones de peso, indudablemente.
Claro que hay un detalle pendiente: el debate que se ha generado en torno a si se deben difundir o no las imágenes de los últimos momentos de vida de Irwin, incluido el momento en el que recibe el mortal aguijón, registradas por el equipo que lo acompañaba en el rodaje. Se cuenta en la prensa internacional que en un foro abierto en la última semana por la BBC hubo opiniones divididas entre quienes rechazan la difusión para evitar un aprovechamiento morboso y sensacionalista de hechos que deberían conservarse en la esfera privada y quienes invocan el propio deseo de Irwin, manifestado públicamente en el 2001, de ser filmado en acción hasta el último instante de su vida.
La crítica más contundente llegó de la reconocida organización estadounidense de protección de los animales PETA, para quien Irwin no era más que “una estrella barata de los reality shows”. En el otro extremo está el presidente de Discovery Networks, propietaria de Animal Planet, Billy Campbell, que entre las posibilidades de reemplazo de la gran estrella de la señal piensa en acelerar los planes de hacer un programa para chicos con la conducción de Bindi Sue, la hija de 8 años de Steve y Terri Irwin.
Por ahora lo cierto es que los videos de la muerte del cazador de cocodrilos son resguardados por la policía para evitar morbo y amarillismo. Así que los minutos de agonía solo fueron vistos por su director de cámaras John Stainton, quien durante tres lustros lo acompañó en la aventura de grabar cocodrilos, serpientes, leones y arañas venenosas. Si embargo, la medida policial no ha impedido que hayan aparecido más de diez mantarrayas muertas en las playas australianas, lo cual hace sospechar que los seguidores de Irwin están buscando venganza.
El episodio plantea el tema ¿Irwin era una estrella de la conservación ecológica o simplemente un “showman” que aprovechaba el naturalismo para lograr fama y fortuna? Recordemos que hace algún tiempo ya se ganó los reproches de varios sectores por montar el espectáculo de alimentar con una mano a sus cocodrilos mientras con la otra sostenía a su hijo menor. Aunque sus miles de fans verán en esto otra muestra de profundo amor a los cocodrilos, proveniente del hombre que alguna vez declaró a la revista Scientific American: “Antes de terminar esta charla quiero hablar de mis cocodrilos. Tengo que hacerlo, tú sabes, yo los amo. Es decir, mi esposa no está mal, pero yo amo los cocodrilos”.