La opinión pública
Estimados hermanos:
Para que una opinión pase a ser pública, solamente necesita ser llevada al espacio público. O sea, basta que se comente más allá del ámbito del hogar, entre amigos y colegas, en la calle u otros lugares de encuentro. Hoy día, la opinión pública queda reflejada sobre todo en los medios de comunicación masiva.
En la tierra ocupada por el pueblo hebreo hace dos mil años, la opinión pública se hallaba muy dividida respecto del profeta surgido de Nazaret. Sus obras y palabras habían adquirido gran difusión y eran objeto de comentarios. El sondeo que hizo Jesús entre sus propios discípulos reporta que algunos lo tenían por Juan el Bautista.
Otros pensaban que se trataba del profeta Elías, que había regresado. Se deja ver que estas eran las dos opiniones más extendidas y que todavía había otros que preferían tomarlo por algún otro profeta.
Se desprende que las opiniones circulantes acerca de Jesús eran variadas, incompatibles entre sí y erróneas. Y, aunque parezca mentira, hoy día entre nosotros se podría decir casi lo mismo, si se atiende a los contenidos de los medios de comunicación masiva. Está quedando atrás el tiempo en que el planteamiento de raíz cristiana se hacía presente en la opinión pública, como una manera de ver las cosas que tenía derecho a existir junto con otras. Ahora la tendencia es a silenciar la voz de la fe cristiana y a mencionarla únicamente bajo la luz desfavorable de algún escándalo. Por eso necesitamos más que nunca oír a Pedro, en su sucesor el Papa, para saber cuál sea la verdad y recuperarla del fondo del mar de las dudas y errores.
Arzobispo Antonio Arregui
Oímos a Pedro proclamar su fe en Jesús y lamentarse, en seguida, porque su Señor le hablada de su próxima pasión y muerte.
Proclamación del Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 8, 27-35.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesárea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta:
“¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”.
Entonces se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.
Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.
Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.
Palabra del señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.