Solo un 10% de las denuncias presentadas en la Fiscalía por delitos sexuales terminan en instrucción fiscal (inicio de juicio contra un imputado). Al acudir a denunciar, las afectadas no tienen facilidades.
Carlos Luis López Gonzabay llegó borracho a su casa, en la lotización Los Vergeles, al norte de la ciudad. Eran las 03h00 y sin que nadie lo impidiera tomó por la fuerza a su hijastra, de 12 años, y la violó.
Sucedió el 11 de septiembre pasado, según una denuncia presentada ante la fiscal de turno de delitos sexuales, Lorena Benalcázar. La menor lloró toda la madrugada. Su madre no podía hacer nada porque vivía amenazada. Al siguiente día la niña acudió a la escuela, ubicada a pocas cuadras de su casa. Estaba demacrada y lloraba.
Al notar esa actitud, su maestra dialogó con ella durante largo rato y le confesó la violación de la que había sido víctima por parte de su padrastro. Sin dudar, la docente se acercó a la Fiscalía y puso la denuncia.
“Eso se había estado dando desde hace tiempo. El tipo la tenía amenazada. Todas las veces le ponía un revólver. La amenazaba diciendo ‘donde avises te mato a ti y a tu madre’. Sospechábamos que algo pasaba, venía latigueada. Él llegaba a verla y pedía permiso a la escuela pero ella no quería ir y lloraba, hasta que al fin nos dimos cuenta”, señala la profesora, quien indica que el violador era guardia de seguridad y posteriormente fue apresado.
El caso de la menor de Los Vergeles es uno de los 344 denunciados por violación en la Fiscalía del Guayas, entre enero y el 8 de septiembre del 2006, según las cifras del Centro de Estudios e Investigaciones Estadísticas de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ICM-Espol).
En el 2005, 657 casos se comunicaron en la Fiscalía.
Las 344 denuncias se presentaron en las tres fiscalías especializadas en delitos sexuales en el Guayas, a un promedio de 115 por cada una. Pero según estimativos de funcionarios del Ministerio Público, solo el 10% de los casos se elevan a instrucción fiscal (inicio de un juicio contra uno o varios imputados).
Una muestra de esto se da en el despacho de la fiscal Lorena Benalcázar, donde existen más de un centenar de denuncias, de las que solo once están en instrucción fiscal, cinco de esta semana contra el presunto violador en serie Roger Rousseau Betancourt, quien enfrenta 20 acusaciones.
Por los once procesos, 18 personas, incluido Rousseau, están detenidas, entre ellas cuatro sujetos presuntamente cómplices de este supuesto violador. Estos son: Javier Palacios Pesantes, de 34 años; Fernando Torres González, de 40; Javier Díaz Macías, de 51, y Alíster García Bolaños, de 37. Todos fueron aprehendidos el miércoles 6 de septiembre en una casa de la Coop. Justicia y Libertad, donde supuestamente se cometió uno de los ultrajes, aseguró la Policía Judicial.
Otros cuatro sujetos están presos acusados de asaltos en una serie de hoteles de esta ciudad, quienes durante sus atracos violaban a las mujeres que estaban hospedadas.
Un funcionario judicial explica que las denuncias refieren a violaciones en asaltos, otras mediante engaños, así como a hechos que se dan entre familiares, como el caso del padrastro que abusaba de la menor de 12 años en Los Vergeles. Pero no todos los hechos se comunican a la Fiscalía, pues muchas de las víctimas prefieren callar, por temor a comentarios que puedan perjudicarlas.
Perversión
Los violadores son personas que tienen un trastorno de personalidad y una perversión en el área de la sexualidad, afirma la psicóloga clínica Valentina León, directora de la Maestría de Terapia Familiar de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.
La profesional señala algunas conductas propias de estos individuos. Tienen baja tolerancia a la frustración y expresiones inadecuadas de ira. Experimentan un aislamiento social.
Se describen a sí mismos como incapaces o incompetentes en su rol como padres; son incapaces de tener relaciones personales íntimas. Evitan las relaciones sociales. Tienen facilidad para mentir y engañar en su propio beneficio.
La psicóloga agrega que en la vida sexual impersonal se les dificulta establecer un compromiso afectivo. Tienen baja autoestima, mayor agresividad, falta de expresión emocional, indiferencia e inestabilidad en las relaciones interpersonales.