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1931 - 1940

Al alejarme de la Capital de la República no penséis, ni aún los que habéis sido mis gratuitos enemigos, que llevo en mi pecho la más ligera huella de rencor... Me queda la satisfacción de que ni una lágrima se ha vertido por mi culpa (...) "



Editorial
Septiembre/04/1932
Duelo nacional
Por las víctimas de la guerra
(Tras revuelta por descalificación de presidente electo Neptalí Bonifaz)

Nos ha parecido muy acertada la disposición oficial que declara el día de hoy de duelo público por la multitud de ciudadanos que ha sucumbido en los combates de Quito durante la sangrienta campaña que acaba de terminar con el triunfo de las armas constitucionales contra los rebeldes.
Jamás se ha presentado en el Ecuador igual hecatombe, que tiene consternados los ánimos e infunde pavor y espanto, si se piensa en los muchos centenares de vidas arrebatadas al seno del hogar, por el plomo fratricida, y en el inmenso campo de desolación que ha quedado en medio de la familia nacional.

Entre los rimeros de cadáveres que todavía yacen insepultos en los sitios más fragorosos de la bárbara contienda, allí van las madres desoladas a buscar a los hijos, que en días muy cercanos aún, eran toda su esperanza y alegría; allí van las esposas a revolver los cuerpos mutilados para descubrir si es posible los restos del amado compañero de su vida; allí van, en fin, todos los que amaron a los desaparecidos; todos los que llaman al ausente sin que una voz amable les responda; todos los que derraman lágrimas sin hallar la mano cariñosa que solía enjugarlas.

Cuadros son estos que desgarran el alma; cuadros conmovedores que no se necesita verlos para imaginarlos; pues donde hay mil cadáveres en exhibición para que sus deudos los reconozcan y amortajen, hay mil gritos de dolor que vibran en toda la República y repercuten hondamente en todo corazón ecuatoriano.

Era, en verdad, necesario, señalar un día, para pensar en los muertos de la campaña, en los hogares huérfanos, en el dolor de las familias heridas por el infortunio, en las madres sin hijos, en las mujeres viudas y en los hijos sin padre.

Ha cesado ya de retumbar el cañón en los baluartes y de sembrar la metralla en la ciudad aterrada; ha pasado también la ola de sangre; pero queda corriendo y correrá durante mucho tiempo un río de lágrimas que el pesar arranca en todos los sectores de la sociedad doliente.

Necesitamos este día de duelo. Si somos patriotas, si amamos a la Patria, en cuanto ella significa la reunión de nuestros más caros afectos, tenemos que sentir esta inmensa desgracia de familia y unir en un piadoso recuerdo a los leales y a los rebeldes que han caído en el campo de batalla, porque ante la majestad soberana de la Muerte, no hay ya diferencias de condición, no puede haber odios ni rencores: todos son hermanos nuestros, como hijos de una misma patria, y ante sus tumbas debemos descubrirnos.

La gloriosa bandera nacional, que ha sido tantas veces enarbolada en días de triunfo, cúbrese hoy de crespones y preséntase a media asta en señal de duelo público. Así lo manda el sentimiento y lo exige el honor nacional.
Pero exige más aún y es preciso que la munificencia pública se muestre pródiga de sus dones para restañar las heridas abiertas por la guerra, llevando consuelos al triste, pan y abrigo a los desamparados, reservas materiales para los que se hallan aún bajo el estupor de la desgracia y no tienen ánimos para proveer a las exigencias de la vida.

Nos sentimos justamente orgullosos al pensar que Guayaquil, el pueblo generoso por excelencia, no ha sido nunca indiferente al infortunio de los propios ni de los extraños: basta llamar a todas las puertas para que salga a porfía el óbolo del socorro; ese óbolo bendito que no busca ostentación ni va deslucido por la vanidad, sino que viene de una filantropía nativa y se encuentra al alcance de todas las fortunas.

Ricos y pobres pueden y deben aportar sus auxilios a nuestros hermanos en desgracia, no importa la cuantía del aporte, porque todas las erogaciones son grandes ante el sentimiento que las inspira.

Damas y caballeros de nuestra sociedad han tomado a su cargo la misión humanitaria de colectar fondos para los deudos pobres de las víctimas de la guerra, y estamos seguros de que todos responderán voluntarios a tan noble llamamiento.

EL UNIVERSO, por su parte, fiel a su programa de acción, donde ocupa preferente lugar el altruismo, como elevado principio de humanidad, ha encabezado la primera suscripción con el objeto que estamos indicando, y tiene la satisfacción de anunciar que la lista de los erogantes va creciendo y alcanza ya a una cifra relativamente respetable.

El socorro llegará a manos de los infortunados dentro de breves días, por órgano de la Cruz Roja y tendrán ese lenitivo en medio de las presentes amarguras; pero como jamás podrá repararse lo que es irreparable, sírvanos este día de duelo para expresar nuestro más vivo sentimiento a todos los que sufren por consecuencias de la terrible campaña que acaba de concluir, dejando tan pavorosos recuerdos.

Por respeto al día consagrado a los muertos no abrimos en estos tristes momentos el proceso de los responsables de una tragedia sin precedente en la historia de las vicisitudes nacionales; pero ya sonará muy pronto la hora de la justicia..

15 Presidentes

La inestabilidad es total. Una década convulsionada colecciona mandatarios en Ecuador entre interinos, encargados, dictadores y constitucionales.
 

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