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El derrocamiento del doctor Velasco Ibarra de la Jefatura Suprema del País y su reemplazo por un Gobierno Militar, eran hechos que la intuición popular advertía como inevitables a corto plazo y que se han producido hace dos días, en medio de general expectativa, pues, por el momento, es difícil hacer un pronunciamiento categórico y definido de lo que el País puede ganar o perder con el nuevo cambio político.
Sin embargo, las primeras disposiciones y declaraciones del Gobierno Militar pueden constituirse en denuncia de los buenos propósitos que alientan a los dirigentes del Estado, de enmendar equivocaciones, sancionar delitos y crear un clima de paz y de armonía que estimule el trabajo y siente bases sólidas de prosperidad para la Nación. Si dichas aspiraciones se cumplen, el Ecuador habrá salido beneficiado y horizontes promisorios serán advertidos como manifestación de que avanzamos a la conquista de metas mejores que las hasta hoy logradas.
Hecho significativo del nuevo orden político es la declaración de vigencia de la Constitución de 1945, en lo que no se oponga a los fines del cambio en la dirección del Estado; y es significativo el hecho, decimos, porque la mencionada Carta Fundamental, nacida de una revolución cruenta pero inspirada en altos ideales patrióticos y cívicos, fue, como la consideraron muchos tratadistas de Derecho Constitucional del País y del Exterior, una de las más avanzadas en el Mundo.
Ese pronunciamiento ocupa término medio entre la vigencia de la Carta de 1946 aceptada por el Mandatario depuesto, y la que se originó en 1967; aunque, como es lógico admitir, tal vez la de 1945 no satisfaga en algunos de sus preceptos, determinadas direcciones impuestas por la evolución de las ideas y los avances políticos, sociales y económicos que registra el Mundo.
Claro está que el sistema de gobierno prevaleciente, no permite referirnos a una vigencia real de la Constitución; pero acaso sea grato observar que el pensamiento gubernativo trata de ajustarse a las doctrinas esenciales de esa buena Carta Política y mostrar un saludable avance respecto de la que el doctor Velasco Ibarra proclamó como jurisprudencia rectora de la vida ecuatoriana.
Nuestra definida posición ideológica no armoniza con los regímenes de facto, pues, cualesquiera que sean los ciudadanos que los personifiquen y por bienintencionados que se muestren, la fuerza no es instrumento adecuado para conducir a los países de auténtica vocación democrática, como el nuestro, a metas de seguridad y confianza, porque significa el apartamiento de la Ley, concebida y aprobada por los canales constitucionales, y cuando la Ley tiene aplicación incierta y convencional, flaquea la fe del pueblo, deseoso de garantías para el trabajo y un armónico convivir.
Por eso deseamos sinceramente que la nueva Dictadura sea breve y que pronto vayan eliminándose las medidas coercitivas que la situación ha impuesto, a fin de que retorne la seguridad de ánimo que todos necesitamos para labrar nuestro destino y contribuir a la forja de un destino brillante para la República, en lo cual las Fuerzas Armadas del Ecuador han desempeñado y desempeñan un admirable papel.
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