La inmigración es el mejor medio para ayudar a los países pobres, mucho más que la ayuda para el desarrollo, los refinanciamientos de la deuda y la liberalización de los cambios, según un estudio publicado este jueves por el Centro para el desarrollo mundial (CDM).
Según este estudio, un aumento del 3% en el número de inmigrantes con visa de trabajo en los países ricos se traduciría en una ganancia de 305.000 millones de dólares al año para los habitantes de los países pobres.
Es muy superior a los beneficios esperados de la liberalización de los cambios (86.000 millones de dólares), la ayuda pública para el desarrollo (70.000 millones) y la anulación de la deuda (cerca de 3.000 millones al año), según el autor de este estudio, Lant Pritchett.
El presidente estadounidense George W. Bush recientemente propuso en Estados Unidos un programa de visas temporales de trabajo para inmigrantes que les permita trabajar por períodos limitados, pero la iniciativa sucitó fuertes reticencias entre los estadounidenses.
El estudio subraya que en Hong Kong y Singapur las asistentas y niñeras representan el 7% de la mano de obra, mientras que esta proporción es sólo del 0,3% en Estados Unidos.
"Esta mano de obra temporal les permite a más mujeres calificadas trabajar fuera (de sus países), lo que contribuye a un aumento entre el 1,3% al 3,3% de la renta nacional y aumenta los ingresos fiscales que provienen del impuesto a la renta", asegura el estudio.
"Todo el mundo sabe que el comercio, la ayuda y el refinanciamiento de la deuda son aspectos del desarrollo. Pero nadie quiere hablar de la movilidad del trabajo", estimó Nancy Birdsall, presidenta del CDM.
Lant Pritchett sugiere que los países ricos pacten acuerdos bilaterales con los países pobres para facilitar la entrada a su territorio de trabajadores temporales. Para evitar que éstos se queden al expirar sus visas, la cuota de un país se reduciría de acuerdo al número de trabajadores que no vuelvan, indica.
Los programas de visas temporales para trabajadores no calificados también evitaría la explotación y la miseria vinculadas a la inmigración ilegal, estima Pritchett. Al ser temporales, estos programas también podrían ser más aceptables para los habitantes de los países ricos, hostiles a la inmigración, añade.