- SEP. 14, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
La edición del miércoles de El Universal, de México, contiene la siguiente información: “El coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, Emilio Gamboa Patrón, aceptó que es auténtica una conversación que sostuvo con el empresario Kamel Nacif. ‘Reconozco que un segmento de las grabaciones contiene mi voz y que la conversación tuvo lugar. Asimismo, lamento mucho las expresiones contenidas en la misma’. En la carta negó que sea amigo de Kamel Nacif y lamentó que existan actores de mala fe que insisten en ‘reducir la política al escándalo’. En entrevista, calificó como ‘canallada’ y ‘golpes bajos’ la difusión de la plática”.
México vive su propio escándalo de grabaciones mientras nuestro país se estremece con los “borbuvideos” que, a su vez, recuerdan a los “vladivideos” peruanos. En todas partes del mundo, la difusión de grabaciones y videos que involucran a políticos, jueces o empresarios en casos de corrupción son cada vez más frecuentes. La videograbadora casera, la pequeña grabadora digital, la cámara de fotos en el celular se han transformado en “armas” de vigilancia que acechan de forma imperceptible por la facilidad en adquirir, operar y ocultar los aparatitos.
Solo imaginemos a muchos corruptos no poder dormir tranquilos preocupados de que sus acciones puedan estar siendo registradas por sus mismos “socios”. Un mundo de vigilancia continua es una realidad. ¿La única defensa posible es la transparencia de los propios actos? Sin embargo, eso no puede evitar manipulaciones y alteraciones de las grabaciones y filmaciones que la tecnología permite con asombrosa facilidad. No todo lo que se ve es cierto, pero, a cambio, ¿cuántos negocios ilícitos han podido conocerse o evitarse con grabaciones oportunas?
El tema provoca debates. En el lado de los políticos recordemos que hace algunos meses, el diputado socialcristiano Alfonso Harb presentó un proyecto de ley que pretendía penalizar la grabación y divulgación de asuntos como los ahora llamados “borbuvideos”. En cada caso, los afectados han hablado de “canallada”, “golpes bajos políticos” y de “pruebas ilegítimas”...
Lo que cabe recordar siempre es que la grabación y filmación clandestina es un recurso que muchas veces lo practican quienes ya están involucrados en actos oscuros. El sostener que es “una vileza el que alguien nos pueda estar grabando sin nuestro consentimiento” (Rodolfo Baquerizo, Gamavisión) es como pedir que los bomberos no se pisen las mangueras... En el ejercicio periodístico, en cambio, la filmación con cámara escondida debe ser un recurso excepcional y de mucho cuidado porque está al borde de lo ético y de lo legal y no cabe entrar en el mismo juego de quienes no pueden dormir tranquilos.