Una multitud de católicos ecuatorianos veneró en la plaza principal de la capital española a la Virgen de El Cisne, en varios actos el domingo pasado.
Cuando la estela de la Virgen de El Cisne rodeó a la estatua de Felipe II, los asistentes en la Plaza Mayor de Madrid estallaron de júbilo. El domingo pasado, los cerca de cuatro mil ecuatorianos que asistieron al homenaje a La Churona impregnaron de recogimiento el viejo corazón de esta ciudad.
¡Qué hermosa eres!, le gritó la quiteña Alicia Avendaño mientras una decena de devotos colocó sobre esas piedras que atesoran recuerdos de corridas de toros, coronaciones y hasta ejecuciones la urna llevada desde Riobamba en la que estaba la imagen.
Ahí, donde la memoria tropezaba con la nostalgia, Johnny Díaz recordó las procesiones de Catamayo a Loja a las que asistió años atrás con su familia. A unos metros, Ignacio Ocina, párroco de Vilcabamba, veía maravillado la estampa: “Vivo en Ecuador hace 20 años y me alegra ver cómo a la distancia se fomenta la devoción por La Churona”.
En el 2004, la riobambeña Carmen Ballagán impulsó una homilía con la imagen de La Generala, como también se la conoce, y desde el 2005 los festejos los organiza la Asociación Virgen de El Cisne.
Este año, la Universidad Técnica Particular de Loja actuó como prioste de la celebración. El testigo lo recogerá el 2007 Ana Botella, concejal del Ayuntamiento de Madrid y esposa del ex presidente José María Aznar, en reconocimiento al apoyo recibido. Ella no fue al evento, pero la distinción la recibió en su nombre Tomás Vera, responsable municipal de inmigración. Para él, actos como este ayudan a integrar a un conglomerado que supera las 150 mil personas.
A Emilio Regulez, sacerdote de la iglesia de San Lorenzo, en el barrio de Lavapiés, donde permanece la efigie, esta costumbre reforzada por la lejanía de la patria sepulta los datos de la Fundación Francisco de Vitoria que hablan de que el 25% de inmigrantes pierde la fe luego de llegar a España. En su parroquia, el grueso de los feligreses nació en Ecuador. Antes el número bordeó los 10.000, ahora se acercan a los 3.000.
Sin embargo, las expresiones de devoción no se tradujeron en un mayor compromiso con los damnificados del volcán Tungurahua, dijo Beatriz Saltos, asistente de geriatría. Pocos fueron los ecuatorianos que dieron donativos para el hospital Alfonso Villagómez, de Riobamba, desde donde se envió el traje de la Virgen.
La liturgia en el templo de la Almudena fue el colofón de una jornada de seis horas dedicadas a rendir todos los honores a una de las vecinas más veneradas de Madrid.