Martes 12 de septiembre del 2006 La Caja

Péndulos y ausencia de ideas

El domingo 3 de septiembre me fui de vacaciones con las primeras escaramuzas electoreras por TV.

Aquel domingo se pudo ver otro paso  en la farandulización de la política a través de la TV. ‘El precio de la fama’, espacio creado por TC para promocionar a sus figuras de pantalla, se recicló de pronto como un programa de perfiles dedicado a los líderes políticos. No hubo mejor transición entre lo uno y lo otro que Abdalá Bucaram, quien finalmente representa a los dos mundos: figura de “pantalla” y actor político aunque en el exilio. Para redondear el paquete amarillo y rojo, luego vino el panel con Fernando Rosero, candidato del PRE.

Del perfil humano a un panel para que el candidato hable de sus propuestas. Este formato, aun con periodistas más incisivos e informados que los escogidos por TC, resulta tan rutinario y poco eficiente como para que pueda constituir un real aporte para que los electores nos informemos y elijamos bien.

Pero, ¿en verdad tienen ese objetivo los espacios televisivos dedicados a las elecciones? ¿Hay realmente un deseo de ofrecer información y análisis de calidad?
¿Cuánto hay de intención cívica y cuánto del manejo de una agenda política propia?

El problema con los perfiles de ‘El precio de la fama’ es que son tratados desde una sola perspectiva, bajo la cual hasta los potenciales cuestionamientos son minimizados. En el caso de los líderes políticos y los candidatos a la Presidencia de la República se llega a tener un tono tan complaciente con el personaje que el tratamiento deja más dudas que otra cosa.

Los tiempos dan para todo y hasta las comedias tratan de aprovechar la coyuntura. En el caso de ‘No-ticias’ de Ecuavisa, Fidedigno de la Fuente da muestras de una pobreza de imaginación mayúscula al pretenderse candidato a la Presidencia, como antes ya lo hizo David Reinoso con algunas de sus creaciones.
  El problema con un personaje como Fidedigno de la Fuente es que podría ser una caricatura acerca de un presentador de TV, pero se toma demasiado en serio a sí mismo. Su babosería ante las mujeres y su megalomanía política no están matizadas por recursos humorísticos que develen su grado de ridiculez. Muchas veces da la impresión de que en la televisión no se pueden ofrecer ideas claras y definiciones a la audiencia, porque son virtudes que tampoco poseen muchos de quienes la hacen. Ahí está el caso de David Reinoso quien en una semana hace un durísimo sketch sobre los candidatos de pantalla atrapando fundas de dinero y a la siguiente les presta espacio para promocionarse.
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