La llegada incesante de barcas con inmigrantes africanos ha alterado la vida del Puerto de Los Cristianos, pueblo del sur de Tenerife plagado de turistas donde crecen la furia y el racismo pero también la compasión.
Más de 23.000 indocumentados de Mauritania, Senegal, Gambia o Cabo Verde, entre otros, han arribado a Canarias en lo que va del año, cinco veces la cifra registrada en todo el 2005. En las últimas 36 horas, siete botes con casi 500 hombres y adolescentes desembarcaron en Los Cristianos.
En bares o en el trabajo, los habitantes de esta localidad no cesan de hablar del tema.
El sábado la llegada de cuatro barcas despertó la furia de unos 50 habitantes que los recibieron con insultos e intentaron golpear a varios fotógrafos de prensa.
“¡Negros de mierda!”, “¡nuestros hijos no van a tener qué comer!”, “¡mi hermano está en el paro y a él no le dan ropa y té!”, gritaban, mientras buscaban golpear a un grupo de fotógrafos, quienes debieron ser protegidos por la policía.
“¿Qué vamos a hacer? ¿Hundirlos? ¡Son seres humanos! ¿Has visto sus ojos enormes, tristes? Cuando los ves se te parte el alma”, asegura María Jesús Rodríguez Melo, un ama de casa cincuentona que, como muchos de sus vecinos, recuerda que Canarias es una tierra de emigrantes –principalmente a Sudamérica– y que ahora es su turno de recibirlos.