Como cualquier ciudadano, estoy confrontado a la difícil tarea de escoger por quién votar el próximo 15 de octubre. Ya sé quiénes son los candidatos, sobre los que tengo cierta información. En general la información sobre los candidatos es escasa. En esta difícil tarea de selección quise alejarme de una elección basada en afectos y simpatías primarias y encontrar un método de elección lo más objetivo posible.
Ello implicó interrogarme yo mismo sobre qué valores quisiera encontrar en mis representantes, tanto presidenciales como diputados. La lista de criterios de elección desde mi punto de vista debería incluir al menos lo siguiente:
a. Un compromiso estricto con la modernización institucional, tanto en términos de eficacia como de transparencia, incluyendo el sistema de justicia y el de organismos operacionales, como SRI, aduanas y el SESA.
b. Una propuesta seria y creíble de inversión y mejora en la calidad de los servicios de educación y salud, así como la descentralización de su prestación. La meta de llegar a una inversión del 6% del PIB en educación es importante.
c. Un manejo fiscal cuidadoso y con una perspectiva anticíclica, es decir, en periodos de auge como el actual debemos privilegiar el ahorro para poder contrarrestar aquellos periodos de vacas flacas.
d. Una propuesta de inserción en el mercado internacional, privilegiando acuerdos de comercio con nuestros principales socios comerciales, al tiempo que se participa activamente en las negociaciones de la OMC.
e. Propuestas de despartidización de las principales instituciones de control y de justicia, incluyendo TSE, TC, Contraloría, Fiscalía, CCCC, etcétera.
f. Un compromiso estricto con los derechos individuales, con la protección del medio ambiente y los derechos colectivos consagrados en la Constitución.
g. Un liderazgo que dé seguridad de que tengamos un periodo de orden democrático, frente a la creciente inseguridad ciudadana, como a la violencia de las protestas.
h. Un compromiso del Estado de concentrarse en la producción de bienes públicos, sea en forma directa o por medio de prestadores privados: carreteras, electricidad, investigación agropecuaria, irrigación, comunicaciones, para señalar los más importantes.
Un a revisión de las candidaturas sobre la base de estos criterios llega a la conclusión lógica de que ninguno de los candidatos presidenciales llena mis expectativas. Algunos reciben en cada dimensión mejores puntajes que otros, pero ninguno tiene un promedio regular mediano o alto en todas o cada una de las dimensiones. Claro está que ello puede estar afectado por el carácter ambiguo del discurso electoral y eso hace difícil discernir con claridad qué es lo que proponen con exactitud.
Una vez que confirmé mis dudas sobre los candidatos presidenciales, el siguiente esfuerzo fue buscar entre los candidatos a diputados. En esto sí, buscando uno a uno a los candidatos, encontré representantes en los que puedo tener confianza sobre mis criterios de selección. Estos provienen de diversas listas y partidos, pero sí encuentro ciertos nombres que me dan confianza. Los ciudadanos deben escudriñar las listas de candidatos tanto a presidente, como a diputados y aun a concejales y consejeros, para hacer una selección pensada que apunte a un Ecuador mejor. Esto implica descartar el voto en plancha, en que junto a algunos buenos diputados, pueden juntarse bailarines de todo tipo.