- SEP. 07, 2006 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
El 24 de agosto último, en la ciudad de Buenos Aires se iniciaron homenajes al recordarse los 20 años de la muerte de Jorge Luis Borges, no por ser la fecha de su fallecimiento sino porque la Fundación que lleva su nombre y su viuda, María Kodama, decidieron que estas actividades se inicien en la fecha que él celebraba su onomástico, en romántica forma de expresar que 20 años después de su muerte, el poeta renace.
De igual manera desde el 19 de agosto pasado toda España recordó con estupor el crimen a Federico García Lorca, quien murió fusilado por militantes de la guerra civil española, dejando inédita e inconclusa una numerosa obra. Los españoles también vienen realizando actividades culturales alrededor del mundo.
Borges contó con una mente privilegiada y su genialidad lo hizo reputado ante quienes admiramos sus frases célebres como: “La muerte es una vida vivida, la vida es una muerte que viene”. También es cierto que García Lorca no solo se destacó como el poeta fabuloso que creó Romance Sonámbulo, o La Casada Infiel, entre otros, sino que es uno de los dramaturgos más admirados de todos los tiempos. Resulta inadmisible que Guayaquil se haya ubicado al margen de las múltiples actividades culturales que se realizan alrededor del mundo a fin de recordar a estos vates inmortales. Aunque considero rescatable la que hizo la Casa de la Cultura del Guayas, en la que se llevó a cabo la lectura de algunos poemas de García Lorca, que resultó exiguo en relación a la dimensión del admirable trabajo realizado por este valioso literato.
Existen muchas otras formas de rendir homenaje y dar a conocer la obra de estos poetas universales a la ciudadanía guayaquileña, a través de encuentros de poetas nacionales e internacionales, y reediciones económicas de sus libros.
Gustavo Rivadeneira Romero
Guayaquil