- AGO. 31, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Lo más entretenido de estas elecciones es el examen que cada mañana plantea Félix Narváez a los candidatos que compiten en Pichincha. Dado que Ecuavisa divide su señal para la Sierra y la Costa, les cuento.
Se plantea una entrevista en tres partes: un breve perfil del candidato con su buena dosis de malicia, una segunda parte más convencional y el dulce para el final. Narváez somete a un examen al candidato que puede incluir rudimentos de Historia y Geografía, puede pasar por el conocimiento de la Constitución y las leyes y terminar en rudimentos de cultura general. Los candidatos patinan, ignoran, balbucean, se enojan, discursean, se salen por la tangente; pero pocos llegan a contestar satisfactoriamente al interrogatorio.
Con ser entretenido, el ejercicio de Narváez en ‘Contacto Directo’ queda en la superficial capa de la malicia y la insinuación y por eso su capacidad de respuesta se vuelve nula cuando sucede lo que sucedió con Federico Pérez, candidato a diputado por el Prian.
En el perfil inicial se presentó una denuncia por supuesto contrabando de luz en una de las haciendas del político. Se dice que la Empresa Eléctrica de Quito lo ha multado en un poco más de 950 dólares al comprobarse la irregularidad. Como suele suceder en estos casos, la única contrastación de fuentes fue el testimonio del humilde guardián diciendo: “No sé nada, hable con el doctor”. Pero el acusado está en el set y está indignado. Exige que una cámara del canal vaya con él a la gerencia de la Empresa Eléctrica para comprobar que la acusación es falsa y anuncia que de comprobarse su deshonestidad renunciará a la candidatura.
Si Narváez hubiera estado seguro de su trabajo y del de su compañero se hubiera mantenido firme sin ser altisonante, hubiera presentado los recibos y multas de la eléctrica y habría rechazado de plano la exigencia de quien debía contestar a una acusación. El periodista hizo todo lo contrario, se replegó, balbuceó algo sobre “no le admito que haya mala intención” y finalmente trató de escapar con un “pasemos a las llamadas del público”, cuando no existía nadie al otro lado de la línea.
Penoso y lo peor es que estos traspiés quitan sustento y credibilidad a los cuestionamientos que se pueden hacer a políticos no muy santos. Si el periodista está seguro de su investigación, de los documentos, de las fuentes y del cumplimiento de los procesos de verificación y contrastación, podrá soportar los embates y las reacciones que su trabajo origina.