Domingo 27 de agosto del 2006 La Caja

La dictadura de lo ‘políticamente correcto’

Tom y Jerry, Buggs Bunny (y su eterna lucha con Sam), el gato Silvestre y Piolín, el Coyote y el Correcaminos, Porky Pig... fueron los personajes con los cuales creció mi generación. Se puede decir que éramos pequeños expuestos al tabaquismo, el alcohol y la violencia de los dibujos animados de esa época. Pero ¿saben algo?, nunca le escuché a un solo niño de mi época insinuar que lo que veíamos podía ser realidad. Sabíamos que eran dibujos animados y más bien se convertían en el motivo de detestar al tramposo de Pierre Doyuna y apreciar la ironía de Patán, su perro. Solidarizarnos con los perdedores de la vida, Silvestre o el Coyote.

Se acuerdan de un correo que circulaba hace algunos meses y que se llamaba “¿Cómo sobrevivimos a nuestra niñez?” Se recordaba que cuando fuimos infantes jugábamos en las calles hasta la noche, montábamos bicicleta sin casco, íbamos en el balde de las camionetas, comíamos chatarra a la salida del colegio, etcétera, etcétera. Puede que no haya sido lo mejor, pero no somos una especie de generación perdida. En el otro extremo, hoy da la sensación de que a los niños se los pretende conservar en una cápsula, sin ningún tipo de contaminación, pero tampoco de vida…

Sin duda, mutilar una caricaturas de 1949 y 1950 es un acto de censura inaceptable y,  como dije,  antes hipócrita. Mucho más peligroso para los menores es convertirlos en fanáticos de una marca que los acosa hasta en la sopa como Disney. O dejarlos a merced del mensajea promovido desde todos los ángulos. Convertirlos en clientes tempranos de las telenovelas o en consumidores del deplorable pop de los RBD o por último someterlos a la dictadura de lo “políticamente correcto”, sin más opciones.
 
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