agabo@hechos,12,27-30.comMuy poco me transmite el libro de los Hechos sobre usted. Solo me cuenta que vivía y trabajaba en Jerusalén, que formaba parte de un conjunto de profetas, que viajó con ellos a Antioquía, y que allí, en una de sus reuniones con los neocristianos, usted predijo un hambre gorda y general que se cumplió con toda exactitud.
Pero si poco dice el libro de los Hechos sobre usted, sin embargo proporciona muchos datos sobre cómo estaban los cristianos cuando usted profetizó la hambruna.
Advierte que en la iglesia en Antioquía, al comienzo solo se enseñaba el evangelio a los judíos. Pero que algunos de la tierra de Simón el Cireneo (el que ayudó a Jesús camino del calvario) junto con otros chipriotas lo anunciaron a los griegos –es decir, a los que no pertenecían a Israel– sin pedir permiso a nadie. Y añade un comentario impresionante: “La mano del Señor estaba con ellos y un gran número creyó y se convirtió al Señor”.
También cuenta que los de Jerusalén, al tener noticias de las numerosas conversiones, enviaron a San Bernabé para que investigara lo que estaba sucediendo. Y que el comisionado, impresionado por la calidad de aquellos corazones, buscó a San Pablo para que ayudara en la predicación.
Fue tan bueno este fichaje –me corrijo: fue tan sabio el Espíritu Santo– que al cabo de solo un año, el binomio convirtió a una muchedumbre. Y resultaron unos hombres y mujeres tan de Cristo, que allí precisamente, en Antioquía, los llamaron por primera vez “cristianos”.
Estando así la iglesia en Antioquía, quiso Dios que usted diera el aviso de la próxima desgracia. ¿Por qué? Me suelo preguntar. ¿Por qué el Espíritu de Dios –según nos cuenta el libro de los Hechos– primero le puso en pie y luego le impulsó a que predijera aquel futuro horrible?
Los profetas, según tengo entendido, no tenían como principal misión la predicción de los sucesos del futuro. De ordinario, con una luz divina peculiar, explicaban la Escritura y demostraban el exacto cumplimiento de los planes y promesas del Señor. Pero en esta ocasión –como en otras que recoge la Escritura Santa– el Señor quiso que usted corriera el velo del futuro.
¿Por qué, señor Agabo? El libro de los Hechos –es decir, su autor San Lucas– escribe que “los discípulos determinaron que cada uno, según sus posibilidades, mandara una ayuda a los hermanos que moraban en Judea”. Y que “lo hicieron, enviándola a los presbíteros a través de Bernabé y de Saulo”.
Por eso a la pregunta siempre he respondido: Porque quiso Dios dejar bien claro que el cristiano, en cuanto sepa que lo necesitan, debe socorrer a sus hermanos, “según sus posibilidades”: con mucho, poco o casi nada, pero “según sus posibilidades” siempre.
Si estoy equivocado, Agabo, no deje de escribirme.