Viernes 25 de agosto del 2006 La Caja

Aquellas historias de suspenso

Si algo tiene el lenguaje de la TV, eso es el manejo de los tiempos de suspenso de tal forma que la sucesión de capítulos de las series no es una causa de pérdida de interés sino que atrae, engancha y obliga a la rutina diaria de sentarse a una hora precisa frente al televisor.

Probablemente la teleserie es el género en el cual con más intensidad se manejan esas técnicas de suspensos y soluciones, de clímax y anticlímax. Ahora la técnica comienza a ser asumida en todos los géneros televisivos (la TV norteamericana es un buen ejemplo), incluidos los noticieros. No es tan raro, simplemente es parte de la transformación de los géneros narrativos que se observa en el periodismo televisivo. A veces, eso también es para bien.

Veamos algunos ejemplos recientes. ‘El Noticiero’ de TC puede ser cuestionado por muchas razones: sensacionalista manejo de la crónica roja, sesgado en muchas ocasiones. No obstante, frente a eso tiene una cualidad innegable: es el informativo que más variedad de géneros incorpora y más historias cuenta. Seguramente esa sea una de las razones por las cuales es el más sintonizado en Guayaquil, el segundo en Quito y en términos globales el que suma más “rating”.

Durante esta semana han contado tres historias: la primera es una serie sobre una señora cuyo bebé desapareció de un hospital público en Otavalo. En tres entregas (hasta el momento) se ha expuesto el caso, se ha hecho una investigación y paso a paso se ha mantenido una línea de suspenso que motiva a reencontrarse al día siguiente con el caso. La segunda trata de la caza ilegal de aletas de tiburón, igualmente en tres entregas; y, la última, es el mejor ejemplo del uso de las técnicas de suspenso: el operativo en el Registro Civil de Turubamba para desmantelar una red de tramitadores.

“¿Quiere saber a qué empleado del Registro Civil pertenecía el número celular al cual llamaban los tramitadores? Véalo mañana en ‘El Noticiero’”. Es la frase con la cual acabaron la primera parte. En contraste, el trabajo presentado en Ecuavisa sobre los derechos de los niños (dentro de su campaña Niñoesperanza) es una serie poco imaginativa, sin narrativa y menos suspenso. ¿Qué revela eso? Que en este caso hay una rutina, en la cual no quepa el contar historias de forma atractiva y contundente.

La forma de contar historias de los reporteros de TC muchas veces son terriblemente moralistas, prejuiciosas y poco rigurosas (aunque lo mismo se puede decir de los otros canales). No obstante, en trabajos como los presentados por Ecuavisa, hay una actitud aún más inquietante: un cierto paternalismo, un mirar las cosas desde un cierto pedestal de “yo soy de la tele y estoy por encima de ustedes”...
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