“Después de escribir esta carta, hemos pensado que no debemos usar la palabra federación, sino unión, la cual forman los tres grandes estados de Bolivia, Perú y Colombia, bajo un solo pacto. Digo unión porque después pedirán las formas federales, como ha sucedido en Guayaquil, donde apenas se oyó federación, y ya se pensó en la antigua republiquita”. Carta de Simón Bolívar para Antonio José de Sucre. Lima, julio de 1826.
La estructura en cualquier empresa debe estar alineada a la estrategia. Y lógicamente, la estrategia se concibe, entre otras cosas, de acuerdo a los mercados que atiende y a las características de sus consumidores. El guayaquileño jamás pudo ni podrá vivir en un sistema de administración centralista por ser liberal en lo más intrínseco de su ser; su característica innata. Guayaquil nació federal. Verdad grabada en el código genético de la ciudad. Y fue Bolívar el primero en destruir el sistema federal –estructura de gobierno que había sido adoptada por los motivos antes expuestos– cuando sitió la ciudad el 13 de junio de 1822. El clamor ciudadano por retornar a la autonomía se inicia inmediatamente, como lo demuestran sus cartas desde Bogotá, en septiembre de 1827: “…Por acá no tenemos novedad, todo está tranquilo. Aunque no suceda lo mismo en Guayaquil, donde continúan sus ideas de republiquita”. “…Del sur solo sabemos que Guayaquil se mantiene fuera de la obediencia del gobierno, y en el desorden más vergonzoso”. Ciento setenta y nueve años después, seguimos exigiendo autonomía.
Desde entonces Guayaquil comienza a sentir el centralismo y la consiguiente extracción de recursos, como se desprende de las cartas de Bolívar a Santander en 1822 y 1823: “Entienda usted que Guayaquil, para mantenerse muy mal, tenía establecidos empréstitos forzosos, y añada usted, que el clamor de Guayaquil es por que le paguen 700 mil duros que le deben. Por supuesto que para mantener las tropas, no se puede pagar a nadie”. “…Esta ciudad ya no puede quedar sin una guarnición de tropas de Colombia, porque cada día nos estamos haciendo más odiosos con los sacrificios que exigimos a este pueblo…”. “Acabo de comprar una corbeta de guerra nuevecita por 25 mil duros para el servicio de los mares. El dinero lo sacaré por un empréstito a la provincia de Guayaquil”. Ejemplo similar vemos en carta a Bartolomé Trujillo en marzo de 1824: “Vaya a Guayaquil a sacar dinero para cubrir las necesidades que tenemos, para la marina y para el ejército. Disgústese quien se disguste, saque usted dinero por contribución y por empréstito forzoso”. En aquellos momentos fueron unos cuantos miles de duros. Hoy producimos mil quinientos millones en impuestos, de los cuales retornan quinientos. En 200 años, poco ha cambiado, ¿verdad? El proceso autonómico ha sido retomado por presión de grupos cívicos y municipios, pese –no gracias– al gobierno central.
¿Cuándo Guayaquil, Cuenca, Manta y otras ciudades dejarán de ser exprimidas?
Lector, averigüe qué piensan los candidatos sobre la autonomía, y no vote por quien esté en contra. Ya va siendo hora de que al menos uno de estos continuos advenedizos apoye el proceso autonómico.