Imaginen que hay un reality del estilo ‘American Idol’, se hacen los casting, se selecciona a doce finalistas, se los entrena un tiempo y luego se lanza con bombos y platillos el programa. Sin embargo, los finalistas no cantan los éxitos de Luis Miguel o de Elton John, un jurado les dice que deben cantar los jingles de las marcas que auspician el programa. “Ahora lo cantas en estilo salsero”. “Tú le das un toque de hip hop” “y el de más allá lo debe hacer en clave romántica”.
¿Disparatada idea? ¿Digno de tomatazos de parte de los engañados espectadores que concurrieron al programa? ¿Es ridículo imaginarse algo así? Pues no se asombre, exactamente eso es lo que propuso la primera gala del “reality” de TC, ‘Súper Estrella de TV’, que en términos estrictos no es más que una hábil estratagema comercial que funciona así: inventarse un concurso, decir que es un show de la realidad y emitir una serie destinada a las promociones comerciales.
En la “gala” se alternaron las tareas de “animación” con las de “menciones”. En realidad, todo se enfocó en la promoción de las marcas auspiciantes. Unas veces las doce concursantes debían hacer menciones de los productos imitando el acento cubano, otras colocándose un gorro y usando una cuchara de palo, más allá improvisando los versos de un amorfino, etcétera. En el momento siguiente debían animar un concurso, igualmente relacionado con las marcas auspiciantes. El jurado hizo la siguiente observación a una de las chicas: “Los productos no se deben aplaudir, se deben recomendar”. Bueno, el reality de TC fue un aplauso comercial de dos horas.
Como truco comercial es hábil, como programa de televisión es dudoso. Por más que una parte del jurado le haya tratado de dar alguna seriedad a su papel con observaciones a la preparación, la educación y las limitaciones en el uso del idioma por parte de las chicas, el enfoque de ‘Super Estrella de TV’ está en otro lado. Imaginen a los mismos jueces del ficticio reality que mencionamos al principio diciendo: “Ahora canta el jingle de Acme en forma de bolero” y al minuto siguiente intentando un sesudo análisis sobre la tesitura de las voces.
Hay algo que debemos agradecer al reality de TC y es que ahora tenemos en claro cuál es la virtud indispensable que debe poseer una súper estrella de televisión: la suprema gracia para pronunciar los nombres de los auspiciantes. Y cualquier otra cosa parece estar fuera de lugar.