- AGO. 18, 2006 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
El Tungurahua comenzó su nuevo ciclo eruptivo a las 08h00 del miércoles. Apenas el domingo, en diversos programas se hacían notas periodísticas sobre una situación posteruptiva... Así de irónica es la información, nadie podía vaticinar qué tan rápido iban a cambiar las cosas.
Con el nuevo ciclo eruptivo, la TV vuelve a mostrar limitaciones informativas, más que nada por su apego a los rígidos espacios de programación. Mientras el volcán erupcionaba, los vidrios se sacudían en Riobamba y la ceniza caía en diversas poblaciones, en las grandes cadenas nacionales seguían con telenovelas, cámaras escondidas y su menú de siempre como si nada sucediera. La diferencia la marcó como en la ocasión anterior, una cadena de TV alternativa que transmite por UHF: RTU-Unimax.
Ellos, por lo menos, estuvieron atentos a lo que pasaba y trataron de absolver las preguntas y el pánico de muchos pobladores del centro del país. Su cobertura no deja de tener problemas, pues si bien la movilidad y la presencia en muchos lugares son su fortaleza, la falta de una dirección en el equipo y de planes de cobertura periodística, los hacen parecer pasivos y estáticos frente al potencial que tienen. Un análisis más extenso lo haremos en otro momento, por ahora se debe considerar a RTU como una nueva realidad televisiva y eso es lo importante.
Ingenuidades periodísticas
No pocas veces hemos visto que los reporteros de televisión se vanaglorian por el logro de alguna exclusiva o por una cobertura algo más complicada que lo normal. Pero el colmo de los colmos es que saquen pecho porque lograron que escapen los acusados de una estafa.
Fausto Valdivieso, de ‘El Noticiero’ de TC, siguió el caso de los dos mil estafados por las falsas promesas de trabajo de la empresa Oceanis que funcionaba en el World Trade Center y donde están implicados el mexicano Mauro Elizalde Ibarra y los ecuatorianos Félix Lituardo y Eduardo Botrina. Justamente, Valdivieso concluyó su nota mostrando las puertas de una oficina que se cierra con los pretendidos estafadores adentro, mientras el reportero soltaba su sentencia: la presencia de nuestras cámaras los puso en alerta y desaparecieron...
Increíble muestra de ingenuidad o torpeza, pero también toda una lección de lo que sucede cuando algunos reporteros conciben su trabajo como si fueran policías y sin tomar ningún recaudo para proteger a las posibles víctimas.