Martes 15 de agosto del 2006 El País

Cinco familias fueron afectadas por el deslizamiento de tierra

PALLATANGA, Chimborazo

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PALLATANGA, Chimborazo.– Gladys y José Pilco se marcharon de Penipe hace siete años, por el volcán Tungurahua, y ahora también les toca salir de sus tierras.

Ayer Segundo Pilco y su hija Gladys se lamentaban porque la naturaleza nuevamente amenaza con sacarlos de su hogar.

Hace siete años, ellos tuvieron que dejar sus tierras en la zona de  Pandoa, del cantón Penipe (Chimborazo), por su cercanía al volcán Tungurahua, que  estaba en proceso de erupción.

Desde entonces se asentaron en el sector Los Santiagos, en  Pallatanga,  y construyeron una casa en dos de las quince hectáreas de terreno que se desplomaron el domingo,  junto con parte de la vía que conduce a Bucay (Guayas).

Las quince hectáreas le pertenecen a cinco familias, pero hasta ayer solo una de ellas fue evacuada.

El domingo anterior, José Prócel, su esposa Gladys y sus cuatro hijos: Daysi de 17 años; Paola, de  12; Andrés, de  10; y Mercedes, de  7 años, tuvieron que salir de su vivienda con lo poco que pudieron llevar.

Ellos vivían al fondo de la quebrada que se desplomó a las  22h00 de ese día. Desde ayer, Prócel vive  en la casa de su padre donde pidió posada, mientras resuelve dónde vivir.

La familia Pilco, al igual que los Prócel pidieron ayer ayuda a las autoridades locales y al Gobierno para ser reubicados. Pero no quieren salir de Pallatanga, ni siquiera de la parroquia.

Prócel incluso empezó a negociar ayer con su vecino Julio Zavala la compra de una parte de su terreno, que está ubicado al pie de la carretera para poder reubicarse con su familia.
El País

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