Domingo 13 de agosto del 2006 La Caja

Nueva tragedia, el mismo viejo guión

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Un año después del naufragio y muerte de más de cien emigrantes ecuatorianos en alta mar, se  repiten las mismas
imágenes. Sin embargo, hubo diferencias: en Gamavisión  se protegió la identidad de una menor de edad sobreviviente. Tal respeto a las leyes y los niños fue olvidado por Luis Antonio Ruiz de Teleamazonas. En TC   se siguen viendo cadáveres y no personas. Además, se utilizan imágenes morbosas como la de la ropa que cubre un cuerpo inexistente.


Las primeras escenas fueron casi inocentes: una playa, unos pescadores, una camioneta de la Policía atrapada en la arena. En unos pocos segundos se transforma en la tragedia de cinco personas cuyos cadáveres se amontonan en el balde del vehículo.

Las cámaras de todos los canales van a la caza de los cuerpos y por eso las imágenes se parecen: tomas en cada centímetro de los cadáveres, obtenidas en la camioneta y en la arena.

Esos primeros momentos son para la muerte. Luego vienen los rumores: “Deben ser muchos más”, “17 al menos”. “Debe haber más cadáveres”.

¿Hay sobrevivientes? ¿Dónde están? La jornada se cierra con siete víctimas mortales y el Fiscal de Manta llama especulaciones a todo lo demás.

El tercer momento ocurre al siguiente día. Al parecer hay dos sobrevivientes que ya están en sus lugares de origen. En ‘24 Horas’, el mediodía del miércoles Luis Antonio Ruiz presenta el testimonio de una menor de edad. A la testigo se la identifica con nombre y apellido en la pantalla. Su rostro no aparece, por una razón: no se tienen las imágenes pues se trata de una llamada telefónica.

¿Cómo puede estar seguro el periodista de que se trata de un testigo real y confiable? ¿Cómo puede estar seguro de que su testimonio es verdadero? ¿Si no ha conversado con ella personalmente, es legítimo que divulgue su historia? Digamos que todo es cierto, ¿no se vulneró cualquier principio ético, legal y de protección a los inocentes al divulgar el nombre de una menor de edad en situación de riesgo? ¿Se pidió y obtuvo el permiso explícito de los padres para divulgar el testimonio?

Que la sobreviviente era verdadera se comprobó más tarde en el ‘Noticiero Nacional’ de Gamavisión. La diferencia es que este informativo sí ha mandado un equipo para que haga contacto personal con la testigo, de quien cuidan y protegen la identidad. Antes de la emisión del testimonio vía telefónica, Rolando Panchana anuncia que cuentan con los permisos de los padres de la menor como ordena el Código de la Niñez y otras leyes. El testimonio que se presenta esa noche no revela mucho: el audio del celular es malo y el primer contacto es breve. Sin embargo, en Teleamazonas tampoco se ha obtenido mucha claridad sobre lo sucedido y,  menos aún,  detalles sobre la noche fatal.

La siguiente fase informativa fue la del “sueño americano”. Invariablemente cada reportero habló a su turno: “De los emigrantes que han muerto por cumplir el sueño americano”.

Muletilla o no, en esas circunstancias resulta hasta cruel hablar en esos términos. ¿Sueño americano? ¿Cuál sueño americano? Porque el asunto es que para los WASP de EE.UU. (por las siglas de blancos, anglosajones y protestantes en inglés) el sueño es uno. ¿Para los campesinos del Azuay es el mismo? ¿No se trata de un sueño ecuatoriano, más bien? ¿Quién les ha preguntado a los emigrantes sobre sus sueños? 

Claro, están las generalidades: “Me voy porque aquí no hay trabajo”. “Quiero enviar dinero para mis hijos, para que tengan una casita”. Esto se aleja del famoso “sueño americano” que tanto predican nuestros reporteros.

Pero el estereotipo ilustra bien la actitud informativa de la TV doméstica frente a la emigración: sensacionalismo, lugares comunes y falta de interés en conocer y ayudar a comprender a los televidentes las distintas características y elementos de un fenómeno tan complejo. Ni siquiera se ha intentado contar historias completas que nos ayuden a entender quiénes son, cómo piensan, qué sueñan, qué hacen los emigrantes. Apenas se hacen sumarísimos recuentos de niños en la orfandad,  viudos y viudas, padres sin sus hijos, etcétera.

Una desidia que se parece mucho a la de las mismas autoridades, que adoptan como suyas las políticas de represión y contención de los emigrantes de los países desarrollados, cuando su preocupación debiera ser garantizar que cualquier ecuatoriano que quiera irse lo haga  sin tener que recurrir a los coyoteros, con dignidad y sin poner en riesgo su vida.  

La contraparte televisiva a esa actitud estatal es la criminalización y el arrinconamiento de la migración hacia la crónica roja. Las coberturas de ‘El Noticiero’ de TC son una muestra: concentración en los cadáveres, la ausencia de un cuerpo para las prendas de vestir extendidas en el piso, las lágrimas de los familiares...

En cada episodio de muerte, naufragio, capturas, deportación, en la televisión se muestra… ¿Qué se muestra? Los rostros campesinos o pobres de la gente que se quiere ir, las embarcaciones endebles, las fuerzas de seguridad… ¿Puede comprenderse a la emigración de esa manera? Bien se dice que la TV contemporánea intenta convencernos de que “ver es entender”, y no es así, la forma de “entender es razonar”.

¿Entender? ¿Razonar? Lujos que la pantalla no está dispuesta a ofrecer a los televidentes. 

 

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