A veces le pregunto a Dios, ¿por qué a mí? ¿Por qué no me alcanza el sueldo?, ¿por qué soy pobre y no tengo un mejor trabajo? Por qué, por qué, y más por qué.
Pero si yo viviera en Gaza, Pakistán, Iraq, África, ¿cómo sería un mal día? Podría empezar por ver coches bomba destruyendo edificios y matando gente inocente (ancianos, niños, voluntarios, reporteros, pacifistas, padres, personas como usted y yo); ¿o talvez tendría qué comer?, ¿y las enfermedades, el sida?
Qué suerte que vivo en Ecuador, aquí no hay esos atentados. Pienso en África y en Medio Oriente que están lejos.
Toda esa comida que desprecio en mis dietas podrían servirles, o esos zapatos que ya no me gustan, la ropa que ya pasó de moda, la podrían usar.
Mientras leo el periódico veo a varios niños tapándose con las manos sus oídos queriendo evitar escuchar la explosión de los misiles, y que unos cierran sus ojos con la esperanza de abrirlos y encontrarse aún con vida.
Acepto que me da mucha lástima y me arranca unas lágrimas, pero prefiero cambiar de página porque después me voy a poner triste todo el día, y es mejor olvidar, o mi hermoso domingo, en mi cama viendo televisión, se arruinará.
Nota: si eres como yo, bienvenido al “club de los hipócritas” que esperamos que alguien toque a nuestras puertas para regalarles una que otra migaja.
Realmente nos da pereza buscar a quién darle la mano.
Y así seguimos con nuestras vidas cada vez más miserables de corazón.
Cambiemos, aún hay tiempo para salir del anonimato.
Adriana Peralta Brito
Guayaquil
Del problema árabe-israelí que se suscita a la vuelta del planeta, me importa que se pretenda traer acá, a mi ciudad, manifestaciones propagandistas.
Este conflicto deberá resolverse en esas lejanas tierras y no aquí en mi Guayaquil querido, y que gracias a la prudencia de los israelitas, colonia que también aquí habita, hicieron caso omiso a provocaciones.
Agustín Pino Gómez
Guayaquil
Con respecto a la “agresión” de Israel a Líbano se pide que la ONU intervenga para terminar la represalia; no tendrían otra excusa para mantener la “agresión”.
Todo enfrentamiento trae consecuencias dolorosas para las partes involucradas, y en unos casos más para una parte que para la otra.
Es por eso que se debe pensar en esas consecuencias antes de empezar todo conflicto y analizar quién es el que se va a ver más afectado.
Fernando Collahuazo Sánchez
Guayaquil