Jueves 10 de agosto del 2006 La Caja

Un año después y todo sigue igual

Los muertos en la playa de Santa Rosa cerca de Manta. Potenciales emigrantes se presume. Ahogados, llenos de arena y descubiertos en el balde de una camioneta. Ni en la muerte estas personas son tratadas con alguna dignidad...

Las imágenes de los nueve cadáveres fueron el trágico recordatorio de la muerte masiva de emigrantes ecuatorianos en alta mar hace un año. En la televisión se recordó la fecha, cómo no.

En Ecuavisa fueron a buscar a las sobrevivientes del trágico episodio, oportunidad perfecta para contar las historias que no se contaron hace un año. Pero desengañémonos de una vez, esta clase de trabajos no se hacen con viajes relámpagos de reporteros y camarógrafos. Más aún cuando van desprevenidos y bajo una consigna automática: buscar el drama y la denuncia.

Por eso los dos sobrevivientes solo contaron que su situación sigue igual y que recibieron promesas en la Embajada de los EE.UU. que nunca se cumplieron. ¿Cómo son sus vidas? ¿Qué hacen? ¿Qué sienten? ¿Con quiénes viven? ¿Cómo fue lo que vivieron hace un año? Todos esos temas no caben en el reporterismo bajo piloto automático. Solo algunas señales en la imagen: la señora lavando ropa con un precioso traje tradicional, el chico enluciendo con cemento un piso. Hace falta salir del esquema cotidiano y aprender a ver a las personas más allá de la noticia sensacionalista.

Frente a la emigración, el periodismo televisivo está desarmado. Oscila entre la crónica roja, la reproducción de los enfoques criminalizantes de los países desarrollados (en especial España y EE.UU.), la caridad y el drama. Poco se ha hecho para entender los fenómenos migratorios, aparte de las islas que son los pocos programas de debate y los de periodismo a fondo.

En la tragedia de hace un año, el llamado Observatorio de Análisis e Interpretación Periodística de la Migración generó un informe llamado Un barco se hunde y la prensa se zambulle, donde se concluye algo que es perfectamente válido un año después: “A la televisión ecuatoriana no se le puede exigir lo que no quiere hacer: zambullirse en los temas de mayor interés social y público. Los noticieros, en general, apuntan a una rutina reactiva de los acontecimientos y pasada la novedad del hecho pierden la pista de lo ocurrido el día o la semana anterior”.

“A ello se suman dos características que son estándar en todos los noticieros: el reportero es el portavoz de lo ocurrido, introduce sus puntos de vista, a veces, estigmatizantes, moralistas y justicieros (en 70 de 106 informaciones); y no hay una armonía entre lo que dice el texto y la imagen”.
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