El gobierno francés endureció las condiciones para los inmigrantes recientemente. Ilda Córdova, una ecuatoriana que no tiene residencia legal en ese país, cuenta su experiencia.
“Yo no me voy, no estoy lista para irme, cualquier cosa que haga la estoy haciendo precisamente por mis hijos”. Ilda Córdova ni siquiera alza la voz cuando dice esta frase, simplemente la pronuncia convencida, moviendo su cabeza y con un tono firme que le sale de adentro.
Sentada frente a una taza de café, en su pequeño departamento del distrito XIII de París, Ilda, de 34 años de edad y oriunda de Pasaje, es una extranjera más sin residencia legal en Francia que aún no sabe si la circular del ministro de Gobierno, Nicolás Sarkozydel 13 de junio pasado, relacionada con los hijos de los inmigrantes que van a la escuela, será o no la oportunidad para regularizar su situación.
“El señor (Nicolás) Sarkozy ha dicho que se revisará caso por caso”, repite Ilda esperanzada, mientras Jennifer, de 11 años, y Gastón, de 19 meses, revolotean a su alrededor.
Precisamente Jennifer, que en septiembre comenzará la secundaria, confiesa que a ella sí le gustaría regresar porque quisiera estar con sus abuelitos, y reflexiona en voz alta: “... pero no sé si podré estudiar allá porque no sé escribir en español muy bien”. Y es que casi toda su primaria la ha seguido en París y ni siquiera tiene acento cuando habla francés. Su hermanito, Gastón, nació en Francia y el próximo año comenzará el jardín de infantes.
Ambos niños representan la posibilidad de legalizar la situación de Ilda y de su esposo Galo, de acuerdo con las disposiciones del ministro de Gobierno impartidas a todas las prefecturas (que en Ecuador equivalen a las gobernaciones) y que según él permitirían la regularización de unas 2.500 familias.
Es por eso que Ilda no se dejó intimidar por las largas colas que se formaron en la Prefectura de París y que superan en mucho la primera estimación oficial.
En su tercer intento logró presentar su expediente y ya tiene una cita para el 24 de agosto. “Vamos a ver qué pasa ahora”, cuenta Ilda, quien ya tiene otras dos carpetas presentadas en la misma Prefectura, pues sí tenía su residencia en regla.
Llegó a Francia en 1999 con una visa de trabajo en la mano. Atrás dejó a su pequeña Jennifer y un puesto de vendedora en la Bahía de Machala con unos ingresos que no alcanzaban para nada. Ni siquiera tuvo problemas para alquilar un pequeño cuarto con una amiga; laboraba durante el día y en la noche estudiaba francés.
Dos años después regresó a Ecuador, esta vez para traerse a Jennifer, pues ya tenía un contrato fijo con una familia francesa, para cuidar a dos niñas con discapacidad. En París conoció a un compatriota , Galo, ingeniero comercial de profesión que ahora trabaja en la construcción; aquí se enamoraron y formó su nueva familia.
Todo iba bien hasta que en julio del 2005 ya no le renovaron su visa de trabajo. Poco después recibió una carta que le anunciaba su expulsión; pero bajo el amparo de una asociación que ayuda a los inmigrantes ilegales, presentó una apelación y el caso aún no está concluido.
“Mi contrato de trabajo está vigente, la familia de las niñas me ayuda, pago impuestos como cualquier francés, ¿por qué me voy a ir?”, se pregunta.
Como no tuvo respuesta con su primer expediente, a principios de julio presentó otro del que tampoco sabe nada.
No solo Ilda muestra esta persistencia. César Gil, colombiano que trabaja en la construcción, tampoco quiere regresar a su natal Cartago (cerca de Cali) y va por su segundo expediente. Llegó hace más de cinco años con su compañera, se casaron en París y tienen dos niños, el primero comenzó el jardín de infantes justo en septiembre del año pasado.
Su primer intento fracasó. El problema es que no puede exhibir un contrato de trabajo porque el colombiano propietario de la empresa no lo puede declarar formalmente. Hace poco más de un año, le llegó una carta que le avisaba de la expulsión, pero su abogado le aconsejó no apelar y ahí quedó el asunto, ni siquiera se cambió de casa.
Ahora, debido a la llamada “Circular Sarkozy”, acudió a la Red de Educación Sin Fronteras (RESF), una organización de maestros abanderados de la protección a los hijos de los inmigrantes ilegales, para ver si podía regularizarse. Ellos le aconsejaron informarse en la escuela de su hijo, donde efectivamente comenzaba a formarse un comité de padres de familia.
Gracias al comité armó su expediente y logró presentarlo el 5 de julio pasado cuando la RESF organizó una gran manifestación que terminó en la Prefectura de París.
Al igual que Ilda, el mayor argumento de César es que en Francia tienen a su familia y un trabajo seguro que les permite vivir con tranquilidad. Si logran regularizarse, ambos hablan de estudiar. César quiere mejorar su francés; Ilda sueña con ser ayudante de enfermería y atender a niños con discapacidad.
LA CIRCULAR
La llamada “Circular Sarkozy” se envió el 13 de junio a todos los prefectos y da seis criterios por los cuales una familia podría regularizar su situación en Francia.
Hasta el 13 de agosto se pueden presentar los expedientes y si la familia no cumple estos requisitos, será expulsada del país.
Los criterios son: Si uno de los padres vive en Francia desde hace dos años; si por lo menos uno de los niños va a la escuela desde septiembre del 2005; si uno de los menores nació en Francia o vive allí desde los 13 años.
Si el menor no tiene relación con su país de origen; si uno de los padres ha mantenido al niño desde su nacimiento.
Si existe una voluntad de integración de las familias, que hayan aprendido a hablar francés, estén involucradas en la educación de sus hijos y no hayan tenido problemas de alteración del orden público.
En Francia viven entre 3.500 y 5.000 ecuatorianos, la mayoría indocumentados, según datos del Consulado de Ecuador en París, por lo que miles se verían afectados por la medida adoptada recientemente.