Domingo 30 de julio del 2006 Cartas al Director

Indetenible delincuencia

Ante la indetenible ola delictiva en Guayaquil, es la Intendencia General de Policía la encargada de dirigir y tomar todas las medidas necesarias para combatir la delincuencia y especulación.

Antes se podía caminar con tranquilidad en las calles; hoy, a diario, aparecen denuncias especialmente por televisión, sobre mozalbetes que escandalizan bajo los efectos del alcohol, droga, en plena vía sin que la Policía jamás detenga a esos contraventores, y el teléfono 101 jamás funciona, y los patrulleros pasan de largo. Recuerdo cuando en Loja se dispuso que la Policía Municipal detenga a ebrios que bebían en la vía pública, los cuales eran sancionados cumpliendo obras comunitarias de limpieza en los sectores donde bebían.

La Corporación de Seguridad y la Subsecretaría de Policía recién creadas, tienen que adquirir camionetas para movilización de los policías y modernizar la comunicación radial para que acudan a detener a los infractores. Además, hay que establecer una veeduría que controle las actuaciones de fiscales y jueces.

Ab. Alberto Loján Idrobo
Guayaquil    

Los “profesionales” en robos, violaciones, crímenes, están en las calles haciendo de las suyas.

El ciudadano trabajador que lucha por su superación y la de sus hijos, que contribuye al engrandecimiento de nuestra ciudad, ¡qué ironía!, debe estar enjaulado en su hogar, tras rejas, en constante zozobra de que los “profesionales” del crimen ingresen rompiendo puertas, ventanas y hasta las paredes de nuestros hogares.

Si sale de su jaula, ¡pobre ciudadano!, es asaltado en las calles, colectivos, en su auto... No podemos disfrutar del embellecimiento de la ciudad.  Los hampones están por todos los lugares, y como son protegidos por las leyes, cometen delitos, pero entran y salen de las cárceles con facilidad increíble para “laborar” en nuestras viviendas, negocios..., y sin contemplación violar, matar, etcétera. Este es un clamor a las autoridades que tienen la responsabilidad de aplicar las leyes y devolvernos la confianza depositada en ellos y la tranquilidad.

Xavier Suárez Surati
Guayaquil    

Ojalá que la Marcha por la Paz y la Vida que se efectuó hace unos meses en Guayaquil no haya pasado a ser otro acto emotivo y efímero como tantos otros de “voces en alto”, pues el asunto delincuencial abarca diferentes ángulos para su análisis, para evitar que se extienda más en el país.

Como soy sobreviviente de un atentado contra mi vida, revive en mi memoria lo acontecido en un condominio céntrico: el joven encargado del aseo simuló un cólico renal rogándome que le diera agua hervida para su medicina, la cual supuestamente me enseñaba en una caja a través del “ojo de buey” de mi puerta, lo que me impidió observar a su cómplice que estaba en cuclillas al pie de la puerta. Al abrir la puerta con el vaso con agua tuve a dos atacantes frente a mí, al “de casa” que me golpeó el rostro  amordazándome y el otro encañonándome con su revólver. Las horas se me hicieron eternas y cuando terminaron pedí auxilio por teléfono que llegó pronto.

Luego con el administrador del edificio que había contratado al muchacho fue fácil capturarlo. Ese atentado terminó con mi excelente salud por las secuelas que dejó, por ello partí  a Olón por un año para volver a aprender a caminar. Allá me sorprendió que se supiera mi paradero reservadísimo donde me hicieron este “recado solidario”: “Si desea que el juicio siga debe enviar dos millones”. Yo no tenía por qué dar coima; así lo hice, y sigo con vida gracias a Dios.

De allí que soy partícipe de la depuración de los organismos e instituciones de servicio público, pero no en forma global, sino por méritos profesionales y conducta moralmente sana de sus funcionarios en todos los actos de sus vidas y cargos.

Olga Valverde de Caputi
Guayaquil     

No es justo que cada día más ciudadanos mueran en manos de la delincuencia.

No es justo que haya padres que han perdido a sus hijos, hijos que han perdido a sus padres por causas de la delincuencia.

No es justo que la escalada delictiva en la ciudad siga en aumento ante la pasividad de las autoridades.

No es justo que Guayaquil se haya convertido en una de las más peligrosas urbes de América Latina. Los que abogan porque se suspenda la medida de retirar de circulación los vehículos sin identificación, seguramente no han sufrido los efectos de la delincuencia o no están conscientes de ello o tienen sus intereses creados.

No se enteran de las noticias que difunden los medios en las que se indica que casi todos los atracos son cometidos en carros fantasmas, es decir, sin placas de identificación y con películas antisolares hasta en el parabrisas delantero.

Señores jueces, les recuerdo la marcha pacífica que congregó a miles de ciudadanos en contra de la delincuencia y que llegó hasta los bajos de la Corte Superior de Justicia de Guayaquil, esta misma gente estará dispuesta a respaldar sus actuaciones o a criticarlas. Dios los ilumine para tomar decisiones adecuadas, pues mañana bien podría ser yo, o quizá ustedes mismos, quienes seamos las nuevas víctimas de la delincuencia.

Ab. Francisco Silva T.
Guayaquil
Cartas al Director

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