Ocho días después de la erupción que destruyó las poblaciones de Bilbao y Cusúa, y que generó crisis en casi todas las comunidades que se asientan en las faldas del volcán Tungurahua, la falta de ingresos económicos comienzan a sentirla con más fuerza sus habitantes.
Aunque varias de las improvisadas bodegas se encuentran abastecidas de alimentos y medicinas, las familias que no pueden trabajar porque sus propiedades están afectadas claman por otro tipo de ayuda: que les den un respiro, al menos hasta que pase la emergencia, en el pago de los servicios básicos.
Uno de los servicios impagos es la luz. Sin leche, sin gallinas, sin cuyes, sin conejos, sin mora, sin babaco ni papa ni maíz para la venta, los agricultores no han podido obtener dinero estos días.
Este sábado los agarró con los bolsillos vacíos. Los jornaleros no han podido ganarse el pan del día, puesto que han pasado caminando desde los albergues hasta sus abandonadas propiedades y no han podido recibir los tres o cuatro dólares diarios que llegan en tiempos de calma, trabajando en las fincas vecinas.
Juan Velasteguí, quien se dedica al cultivo de la mora, el pasado jueves ya no pudo entregar, como cada semana, ese producto que le rendía dinero para los gastos de su casa. Toda plantación, en Bilbao (Chimborazo), quedó destruida por la lava.
Pero también perdió gallinas y cuyes. Por estos días no tiene qué vender para afrontar los pagos que debe efectuar por la luz y el crédito que obtuvo para sembrar.
Además, el ganado sufre los estragos de la crisis. Hasta ahora se alimentan con balanceado, pero no es suficiente. Las vacas comen esos alimentos, pero necesitan también de hierba fresca y banano de rechazo.
El pasado viernes, en Cotaló (Tungurahua), se entregó a un campesino de la zona el último quintal de balanceado que quedaba. A esto se suma que también las reses comienzan a enfermarse.
Durante una charla que se ofreció en el local de la Defensa Civil de Cotaló se les explicó a los moradores que las vacas sufren de estrés, con consecuencias graves: se vuelven estériles y no se empreñan, con lo que en poco tiempo más no habrá reses con crías ni lecheras, lo que es fundamental en una zona considerada ganadera.
El ganado ha cambiado el horario de alimentación: ahora come pasadas las 17h00, una vez que cae la llovizna que limpia la ceniza que está sobre la hierba. Se informó que también para atenderlo faltan medicinas.
Sin ayuda
En el sector de Queseras de Cotaló la situación es preocupante. Sus moradores dicen que por allí ningún funcionario se ha acercado para preguntar cómo se encuentran.
El sector, si bien no ha sufrido por la lava volcánica, ha sido afectado por la caída de la ceniza y porque, en general, en la zona los alimentos para el ganado han escaseado.
En Cotaló, estudiantes de la Universidad Técnica de Ambato realizan un censo para conocer cuántos animales quedan y cuáles son las necesidades que tienen sus habitantes.
También se efectuó una campaña de vacunación de perros y gatos.