Stalin Ruiz, de 2 años de edad, murió el pasado domingo mientras se encontraba en un albergue con sus padres, tras ser evacuados de la comunidad de Cusúa.
Esta es la primera muerte que se reporta luego del repunte del proceso eruptivo del volcán Tungurahua que se registró el pasado viernes.
La Defensa Civil informó que 1.100 familias fueron evacuadas y 172 de ellas se encuentran en los albergues adecuados en las provincias de Tungurahua y Chimborazo.
El Gobierno transfirió ayer 500 mil dólares a la mencionada entidad, con el propósito de que se desplieguen acciones para enfrentar la emergencia generada por el proceso eruptivo del volcán Tungurahua.
La iglesia utilizada como albergue por 40 personas que dejaron sus casas huyendo de la erupción del volcán Tungurahua sirvió ayer también para velar el cadáver de Stalin Ruiz, de 2 años y 2 meses, hijo de una pareja de evacuados de la comunidad de Cusúa.
Stalin, la primera víctima indirecta del proceso eruptivo, padecía de una enfermedad del corazón. El pasado viernes en la noche, junto a otras 500 personas, evacuó su barrio, asentado en las faldas del cono volcánico.
Al anochecer del domingo pasado, en el albergue de Pingue, se puso mal. Se lo trasladó en una ambulancia al hospital de Ambato. Ahí murió mientras los médicos lo atendían, dijeron sus padres, Édison Ruiz e Isabel Arcos.
Ayer en la mañana, Édison Ruiz permanecía inmóvil frente al ataúd del niño, el primero de sus dos hijos. Se lamentaba por la tragedia.
Señaló que la lava volcánica, que desciende muy cerca de su casa, arrasó con un toro, lo único de valor material que tenía. El animal era de su vecino que se lo había dado para que se lo cuide y le iba a dar una parte del dinero que obtendría cuando lo vendiera.
“No es por ser soberbio, pero a Cusúa ya no regreso. Ya veré qué hago”, expresó el atribulado padre, mientras en la iglesia otros niños jugueteaban en los colchones tirados en el piso.
Fuera de ahí el drama continuaba también para otros evacuados. Una veintena de niños y adultos se abalanzaban sobre Marcelo Llerena, habitante de una granja cercana a Pingue, quien repartía ropa que recogió de familiares.
“A mí deme una camisetita”, clamaba un niño. Una señora exclamaba: “No sea malito, regale un pantaloncito para mi guagüito”. Después de unos minutos llegó un carro con cuatro ocupantes que también repartieron ropa.
La generosidad de personas particulares se hacía presente con los refugiados de Pingue: 410 están en casas de amigos y familiares, en otros poblados.
El resto, en los albergues del sector, ubicado entre el puente Las Juntas y Pelileo.
Wilson Pérez, presidente del barrio, manifestó: “Tenemos una bodega de comida, gracias a dueños de tiendas que nos han favorecido. Del Gobierno solo hemos recibido 36 raciones de alimentos y 12 cocinetas”.
En Pingue, Pelileo y Baños están los evacuados de Cusúa, La Hacienda y Juive, localidades de Tungurahua. En Cotaló y Penipe se encuentran los que salieron de Bilbao, Altar, Puela y otras poblaciones de Chimborazo, ubicadas en la zona en alerta roja desde la noche del viernes anterior.
En Cotaló, las 96 personas, parte de la población de Bilbao, se alimentan con víveres dados por personas caritativas. La comida la preparan en una olla común. Los animales están en el estadio. Del Gobierno, estos evacuados recibieron 14 raciones de alimentos, nada más, indicó Jorge Aguilar, secretario de la Junta Parroquial. Los refugiados tienen incertidumbre porque el volcán sigue erupcionando.