- JUL. 13, 2006 - Foto - La caja - EL UNIVERSO
Ojos bien abiertos. Ojos como platos. Ojos propios vs. ojos ajenos. Dichosos los ojos que te ven. “Un gavilán con los ojos en el cielo” (debe cazar muy poco, el pobre). Ojos, muchos pares de ojos. Mucho ojo (la comunidad vigila)… Si se busca en Google televisión+ojos se obtienen 3’940.000 referencias. La TV como los ojos eternos, vigilantes, siempre abiertos es una de las metáforas más utilizadas para hablar del medio.
¿Qué clase de ojos? Los de un espectador que asiste, entre boquiabierto y divertido, a los puertazos que cada tantos meses dan los flamantes ex ministros del régimen frente a las cámaras y los micrófonos convenientemente convocados.
En cada caso, el procedimiento ha sido igual: 1) La renuncia pública donde se lanzan acusaciones y se blanden hojas de papel. 2) El recorrido por los sets. 3) La polémica con los funcionarios a quienes acusa el saliente. 4) El acto consagratorio: la comparecencia en ‘Cero tolerancia’ con Carlos Vera.
La práctica es tan efectiva que Rafael Correa elaboró su imagen electoral de esa manera. Ahora es el turno de Diego Borja. Incluso funcionarios de rango medio como el ex subsecretario de Energía, Roberto Serrano, quieren utilizar la estrategia. Es muy posible que los renunciantes tengan razones de peso para actuar de esa manera, pero es un análisis que no nos interesa en este espacio porque, un poco más allá, en cada uno de estos casos se comprueba que la televisión es el principal escenario de la política.
Hay quienes hablan de “transparencia” ya que lo político se revela y se debate públicamente. Las dudas se multiplican: ¿se debaten los temas importantes en la pantalla o todo tiende a quedar en el “show” del intercambio de jabs a la mandíbula entre funcionarios que compiten y pierden en la acumulación de poder?
Ojos en el diván. Se presenta al nuevo ministro de Economía Armando Rodas, en Teleamazonas. Previamente, se emite una nota con las acusaciones de Borja de que el nuevo timonel de las finanzas del país “es un empleado del Dr. José Modesto Apolo”. Le preguntan a Rodas: ¿Es usted un recomendado de Apolo o un técnico? Responde: “No, yo soy un funcionario del gobierno del Dr. Apolo… Perdón, del Dr. Palacio” . Los psicoanalistas estarán sonriendo.
Ojos aterrados. La extracción de ojos del cuerpo del joven Raúl Marcelo Carrillo Tubón, en la morgue policial, es un caso de componentes macabros. Pero de ahí a que Jonatan Carrera de TC utilice el caso para construir una de sus mórbidas historias de terror, en la cual los cadáveres no descansan en paz, es simplemente obsceno.
Malos ojos. En el mismo caso es muy grave la implicación de una empleada del Club de Leones. No obstante, que Félix Narváez de Ecuavisa invite al presidente de esa entidad para culparlo, juzgarlo y condenarlo, es mirar las cosas con los arrogantes ojos del poder de la pantalla.