La lógica pide que, para entenderse en una conversación, se defina con claridad el significado de las palabras. Frecuentemente los interlocutores no nos ponemos de acuerdo, a pesar de que defendamos lo mismo, porque damos un diverso significado a las mismas palabras. Un ejemplo concreto es la palabra “laicismo”: defendemos el laicismo, entendido como separación de Estado e Iglesia, entendido como libertad de profesar o no, uno u otro credo religioso. Pero, si por laicismo se entiende el menosprecio de la dimensión espiritual de la persona humana, o el encerramiento de lo religioso en las sacristías, para impedir que lo religioso sea un elemento en la vida social, muchos de los que estamos de acuerdo con el laicismo no aceptamos este tipo de laicismo, porque recorta una dimensión de la persona humana.
La falta de claridad acerca de lo que entendemos por instrucción religiosa y catequesis afecta incluso a algunos sacerdotes y religiosas. La instrucción desarrolla específicamente el conocimiento, solo indirectamente afecta la conducta humana. También los no cristianos cultos saben, por ejemplo, que un templo es catedral, no por ser bonito y grande, sino porque en él está la cátedra del Obispo.
Toda persona instruida sabe que la “Iglesia” no tiene cárcel ni multas: se obedece por fe. La catequesis es el cultivo de la adhesión a un credo; más en concreto, es el cultivo del seguimiento a Cristo en la vida personal y comunitaria.
Confunden instrucción religiosa con catequesis no solo a personas indiferentes frente a la fe cristiana, sino también los practicantes. Por eso se pretende que las clases de religión recibidas en escuelas sirvan como la catequesis preparatoria de la recepción de los sacramentos, en especial, la Comunión y la Confirmación.
La precisión del significado de esas palabras tiene múltiples consecuencias: una, la de no esperar del Estado la catequesis; al Estado no le toca promover un credo religioso.
Otra consecuencia: como la fe es la aceptación consciente y libre de la persona de Cristo, la catequesis se ha de realizar en un ambiente de libertad y responsabilidad. No se puede obligar a una persona que ame a otra; se la hace amar, exponiendo y proponiendo sus cualidades. La instrucción religiosa puede recibirse en el obligado horario de clases; en cambio la catequesis ha de ofrecerse en horas libres.
Una escuela o colegio no es “religioso”, solo porque incluye en su pénsum la instrucción religiosa, sino porque se esfuerza en formar en niños y jóvenes una determinada imagen de hombre y de mujer. Esta imagen tiene entre otros los siguientes rasgos de Cristo: respeto de la persona humana, creada a imagen de Dios, libertad, responsabilidad, lealtad, sinceridad, creatividad, equidad, etcétera.
Clarificado el significado de estas palabras, las personas de buena voluntad descubriremos que el laicismo es el cultivo de la libertad y no la imposición del recorte de la dimensión religiosa; recorte que se sigue imponiendo, a pesar de la Constitución, de tratados internacionales y leyes. Este recorte afecta, en Ecuador, sobre todo a los pobres.