Sábado 08 de julio del 2006 Cartas al Director

Hablando de delincuencia

Los habitantes de Alborada hemos leído y escuchado, con tal disgusto, noticias de crónica roja que denominan a esta ciudadela como peligrosa, en cuanto al trajín de actos delictivos.

Asaltos, robos, violaciones y otros delitos se cometen en toda la ciudad de alta o baja clase económica, como en  las grandes urbes del planeta, como informa la prensa internacional. Generalmente los delincuentes residen en zonas apartadas; no he conocido que vivan en esta ciudadela. Para los que no conocen Alborada, con doce etapas, los invito a hacerlo y contemplarán una ciudadela con los más modernos  adelantos técnicos: viviendas con arquitectura sólida, calles pavimentadas, grandes centros comerciales, bancos... Es una de las  más completas de la ciudad. En cuanto a seguridad, existen guardias privados en bancos, almacenes, calles interiores, así como policías metropolitanos y nacionales con vehículos, que evitan cometimientos de delitos las veinticuatro horas.

Ab. Eduardo Córdoba Barona
Guayaquil

¡Delincuentes, muéranse de miedo, dejen la mala vida o emigren! Tendremos una Subsecretaría que acabará con la delincuencia, ¿o será otra burocracia dorada con mansión elegante, hermosas secretarias, elegantes asesores y adustos guardias de seguridad? ¿Y tras algunos viajes al exterior y luego de sesudos estudios nos presentarán proyectos fabulosos que han dado resultados extraordinarios en otros sitios, pero que aquí no funcionarán porque no tenemos la misma topografía ni el mismo nivel socioeconómico y educativo?

Mientras tanto, nosotros, el pueblo, seguiremos igual, confiando solo en nuestro ángel de la guarda y en las almas del purgatorio, porque ¡pobre del que se defienda con un piedrazo!, a ese desventurado sí le caerá todo el peso de la ley, y a veces el sobrepeso de la justicia.

Dr. Augusto Vizcaíno Ronquillo
Guayaquil

La conversión de policías en delincuentes es el grado máximo de impunidad. Va desde la coima al policía de tránsito y el mal uso de placas de autos policiales (PWA), pasando por la falsificación y venta de licencias de conducir, hasta llegar al robo de carros.

La peor pesadilla que ha tenido mi hermana fue confirmar que su auto –que le robaron hace un mes– estaba en manos de un policía. Ese supuesto comprador  cambió la imagen del carro ligeramente, y la placa por otra. Al confrontar los datos en el sistema de cómputo, el número de motor coincidía exactamente y el código del chasis había sido alterado en dos números. Afortunadamente otras denuncias develaron esta red de corrupción.

Como vemos, la deshonestidad de una parte de la Policía es endémica, y no se puede decir hasta el momento que se han realizado esfuerzos para terminar  con ese mal. Debe haber purgas constantes y cambios en los requisitos de ingreso y en los programas de estudio de las escuelas policiales, pero  sobre todo, eliminarse ese espíritu corporativo que siempre los protege. La mayoría de uniformados no delinque; pero historias como esta, no son un caso aislado.

Dr. Pablo Izquierdo Pinos
Quito

Verdaderamente, la delincuencia que azota las principales ciudades del país es alarmante. Es  responsabilidad de nuestras autoridades nacionales y locales combatirla, no con subsecretarías ni comités, ni asesores de seguridad, tampoco con represión indiscriminada, ni a sangre y fuego sino llegando a la raíz del mal, creando fuentes de empleo e incrementando la producción.

Razonemos, cómo no se va a incrementar la delincuencia cuando existe  actitud para que se eleve el número de  desocupados en las grandes ciudades. A pretexto de la regeneración urbana en Guayaquil, por ejemplo, se persigue a los vendedores informales sin permitirles el acceso a esas zonas donde antes hacían sus negocios; ahora algunos informales ya no pueden vender sus artículos en las calles y se habrán dedicado al asalto.

¿Qué se espera entonces si se fomenta la desocupación? Cuando Guayaquil se proclama al combate de la delincuencia, esta se incrementa en otras ciudades como Quito, Ambato, Cuenca, adonde migran los delincuentes perseguidos. ¿No sería conveniente dejar que continúen con su ocupación informal en sus mismos sitios de trabajo, organizándolos, controlándolos y  hasta uniformándolos decentemente?

Gustavo Chiriboga Castro
Quito

La manera de disminuir el índice delictivo, a más de crear fuentes de empleo, es sin duda sacar de las calles a los jóvenes ampliando el poder de acuartelamiento de las Fuerzas Armadas, a través de las direcciones de Movilización (artículo 188 en concordancia con el artículo 183, inciso quinto de la Constitución Política del Estado).

Claro que habría que revisar y reformar ciertas leyes, por cuanto la idea es incrementar el servicio militar obligatorio en las áreas de conscripción policial, comunitaria y agrícola, por cuatro meses de disciplina y prestación de servicios; en dictar a la comunidad charlas preventivas sobre enfermedades; dar asistencia en el tránsito vehicular, dar asistencia agrícola en el campo, etcétera.

Ab. Juan A. Suárez Yépez
Guayaquil

La delincuencia sigue imparable debido a la falta de coordinación entre las autoridades y el Estado. No se analizan los siguientes motivos ni se adoptan medidas eficaces para erradicarla:

Las armas. La prohibición de venta de armamento en el comercio local y su fabricación casera. Es ingenuo pensar que todas las personas que adquieren armas libremente van a sacar luego el respectivo permiso para usarlas.

La Policía. Su personal debe ser instruido sobre el conocimiento de la ciudad que resguarda. Hay agentes recién llegados a las urbes que cuando reciben llamadas de auxilio tardan en llegar porque no pueden encontrar esos sitios.

Ab. Gonzalo Mariscal Contreras
Guayaquil
Cartas al Director

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