Eliminación de chivos aumenta en Galápagos
Del 2004 a marzo del 2006 se han sacrificado unos 80.000 chivos en la isla Isabela, a un costo de $ 3,2 millones.
Guiados por el collar de sonido, los cazadores avistan desde el helicóptero a la hembra “judas” con cuernos pintados de rojo y disparan contra la manada.
Los chivos salvajes son exterminados para que las islas Galápagos no mueran, justifican los encargados de la operación.
Con sus hábitos alimentarios, los mamíferos y especies inofensivas, como burros, perros y gatos, amenazan el frágil ecosistema del archipiélago –patrimonio mundial de la humanidad desde 1978 según la Unesco–, aunque también son fuente de ingreso para una minoría de galapagueños.
“Estas especies introducidas por el hombre alteran la vida de las especies endémicas de Galápagos, como las tortugas”, señala Felipe Cruz, director del Proyecto Isabela de la Fundación Charles Darwin (FCD), responsable de la preservación de la zona.
Su fin es erradicar por tierra o aire animales domésticos que ponen en riesgo la supervivencia de fauna y flora únicas en su género, indicó Carlos Valle, biólogo y codirector del Parque Nacional Galápagos.
La caza aérea se cumplió con éxito en Isabela, donde se sacrificó unos 80.000 chivos entre el 2004 y marzo del 2006, a un costo de $ 3,2 millones donados por organismos internacionales y administrados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La operación se extenderá en breve a las islas Floreana, San Cristóbal y Santa Cruz, donde además de los chivos se matarán gatos, ratas y ratones, según la FCD.
“En Isabela se necesitaron dos helicópteros y 3.200 horas de vuelo para eliminar unos 80.000 chivos (el 99,5% de los existentes), que estaban dejando sin alimento a unas 15.000 tortugas al sur de la isla, en un plan que seguramente atragantó a los defensores de animales”, señaló Cruz.
Para facilitar el trabajo, los cazadores introdujeron en la manada a hembras o machos esterilizados –identificados como “judas”–, y se les colocó collares de sonido para ubicarlos e inyecciones de feromonas (hormonas que alimentan la libido sexual) para atraer la manada.
El chivo escogido lleva pintados los cachos. Los cazadores en los helicópteros les disparan con sus rifles, también se lo hace por tierra con la ayuda de perros.
En Santa Cruz los chivos son el sustento de cazadores como Cristóbal Colón Cuenca. Él señala que por cada animal le pagan $ 15 y que al mes puede hacer unos $ 500. “Una vez agarré 100 chivos un solo día.
Pero el Parque Galápagos quiere acabarlos, y dejarnos sin nada”, se lamenta Cuenca.
Él vende los animales muertos a Luis Moreno, un farmacéutico e importador de carne de 48 años, que en su local de medicinas pesa y empaca la carne para enviarla a Guayaquil.