Domingo 25 de junio del 2006 La caja

Ir a un Mundial con la actitud de una liga barrial

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Los reportes de las 22h30 que efectúan Alfonso Laso y Vito Muñoz  desde Alemania se realizan con luz solar, propio de los amaneceres de verano en Europa. A esa misma hora, 22h30 (Ecuador), en Canal Uno se  dice que también se transmite en vivo y vía satélite, pero el “show”  de Marián y sus acompañantes se hace en penumbras. Más curiosidades,  el logo de Los Mundialistas (Gamavisión, TC  y Cable Deportes) tiene  una enorme similitud con el escudo de ¡Barcelona!... cambian los  colores, mientras las líneas verticales se han estirado y difuminado.  ¡Qué creatividad!

“Se juega como se vive” fue una de las lecciones que dejó Francisco Maturana cuando pasó por Ecuador. El concepto es tan amplio y no obstante tan preciso que puede interpretarse de muchas maneras. El Pacho lo fue tejiendo en ese estupendo libro que se hizo de las conversaciones con José Hernández.

Una de las interpretaciones era que no se podía pretender el llegar a metas grandes, el alcanzar altos niveles de competitividad en ciertos momentos excepcionales si en el día a día no se hacen bien las cosas.
“Se juega como se vive” quiere decir que si en la semana no se hacen bien las cosas, el domingo es imposible hacer un buen partido.

La sentencia maturanesca tiene la virtud de que puede ser aplicada a todos los ámbitos y calza muy bien con lo que podemos observar para evaluar lo que está haciendo el periodismo deportivo en las transmisiones del Mundial y toda la información alrededor.

Algunos esperábamos, ingenuamente, que los profesionales de la comunicación deportiva elevaran su nivel habitual y estuvieran a la altura de las circunstancias. A la hora de la verdad han “jugado” como lo han venido haciendo internamente y por siempre: los más preparados, mejor. Los demás, con los vicios de siempre.

Hagamos un breve balance, uno por uno.

Para comenzar está La Tri. El consorcio de tres canales de TV y varias emisoras de Quito y Guayaquil es el que posee los derechos para transmitir los partidos del Campeonato Mundial. Analicemos lo que hacen sus narradores y comentaristas.

Jaime Antonio Alvarado plantea un estilo de narración impreciso, con abundantes errores en lo más básico, la pronunciación y el nombre de los jugadores en la cancha. A ello se  añade el uso no justificado de extranjerismos, frases hechas y lugares comunes. Aunque, para ser justos, esto último es algo que se puede decir de la gran mayoría de comentaristas y narradores.

Existe el deseo de adornar la narración, como solían hacer los grandes del género. Lo que no se entiende es que para hacer algo así hay que dominar el idioma, haber leído mucho y tener una sensibilidad especial. En cambio, lo que suele suceder es que los “adornos” no pasan de los estereotipos, los lugares comunes, los prejuicios y  algunos desafortunados artilugios verbales que repiten hasta el cansancio. “Tiro de pelota muerta” es una de la frases favoritas de Roberto Omar Machado. “Tiro de folha seca”, cuando se trata de un disparo con efecto o comba, es el recurso de Paco Álvarez. Y “le pegó de tres dedos”, repite Antonio Rodríguez, cuando el jugador se ha desprendido del balón con el borde externo del zapato.

Gerardo España, con su “golo” por gol y su “balono” por balón, lleva la locución deportiva al borde de la patología del lenguaje. Cuando grita: “¡oído país!, ¡oído país!”, hay cuatro posibilidades de interpretación:

 a)  Le han dicho algo importante por interno y está confirmando que lo ha escuchado.
 b) Es una severa y casi surrealista contracción de una frase que se puede interpretar como, “prestad vuestros oídos, allá en el Ecuador, que tengo un anuncio importante”.
 c) Que hay una nueva unidad de medida internacional similar al “riesgo país”. Sin embargo, no sabemos qué se evalúa exactamente con el “oído país”.
 d) En verdad, el narrador quiere decir “oíd país”, pero con su defecto de pronunciación le sale este insólito “oído país”.

Entre los comentaristas está Marcos Hidalgo, quien –es triste reconocerlo– expone las frustraciones de la vieja guardia deportiva. Para él, las cosas siguen pasando porque la Selección tiene suerte, le favorece el azar y llega a anotar un “golcito”. Cuando eso sucede, pide con desesperación que el equipo se repliegue y por poco se metan los once hombres bajo el arco. O la reacción opuesta: basta con que el Ecuador esté perdiendo para que todo se derrumbe… ¿Se puede analizar un partido de fútbol con semejante sucesión de estados de ánimo? Pero ¿no es lo que suele hacer habitualmente?

Vito Muñoz en Alemania está haciendo exactamente lo que suele hacer casa adentro: practicar el autoelogio, anunciar exclusivas que se reducen a cualquier cosa (estadísticas o especulaciones) y ensuciar el ambiente previo de los partidos, por ejemplo, introduciendo sospechas sobre la imparcialidad del árbitro.

A estas alturas se puede afirmar que Alfonso Laso es uno de los poquísimos periodistas deportivos que puede narrar con solvencia y sobriedad o que puede comentar un partido sin perder la cabeza ni pretender protagonismo.

En esa misma línea, Carlos Alfaro Moreno ha demostrado que puede hacer lecturas adecuadas de los partidos. Byron Moreno ha aportado con visiones certeras y calmas de las jugadas polémicas. En cambio, Carlos Luis Morales no ha crecido: sus análisis siguen pasando por el “cuando yo era jugador”, que podría ser un valor añadido, no el único recurso de comentario.

En las próximas  publicaciones de La Caja seguiremos analizando otros aspectos de las transmisiones mundialistas que es necesario mencionar.
Por ahora, se hace necesario llegar a algún tipo de conclusión. (Ver recuadro).

 

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