- JUN. 21, 2006 - Foto - La caja - EL UNIVERSO
¿Se puede tener contento a Dios y al Diablo, simultáneamente? Hay mucha gente que lo intenta: que hace acrobacias supremas para tratar de mantener contentos a uno y otro.
La televisión ecuatoriana, sin ir más lejos, es un campo abonado para el equilibrismo. Por un lado, hay una tendencia a cuestionarse y tratar de mejorar la calidad de lo que se ofrece en la pantalla (hay signos). Y al mismo tiempo, sigue pesando el deseo de no arriesgar mucho, de no perder en los ratings, de presentar una apuesta lo suficientemente tímida para no ser percibida como una sofisticación aprovechable por esa competencia que domina los ratings, igualando las audiencias hacia abajo (y mientras más abajo, mejor).
En esta ni chicha ni limonada, en la falta de definiciones claras, queda la sensación de que hay una TV que no sabe hacia dónde ir. Que al interior de varios canales existe un tira y afloja interno: por un lado quienes desean presentar una TV más familiar y de mejor nivel. En el otro lado, quienes solo le creen a los fríos números del rating (que finalmente son dinero) y no están dispuestos a arriesgar en el corto plazo.
Eso es lo que puede percibirse de los continuos cambios en las parrillas de programación, en los horarios de los espacios, en el saca y mete programas, en la división de señales al límite que se hace para la Costa y la Sierra...
Ahí está la timidez de Teleamazonas para apostar más firme y sostenidamente por una programación variada y calificada para la Costa. Lo cual puede tomarse como una cierta discriminación. La nota de ayer en este mismo Diario plantea el problema: ¿Por qué nos dan telenovelas acá y nos quitan producción nacional? No es el único caso. Cambios constantes y a veces inexplicables se pueden observar en las programaciones de Ecuavisa, de RTS, de Gamavisión y Canal Uno. Solo TC se mantiene con su proyecto y sigue siendo el referente de esa TV de baja calidad y alta audiencia que tanto desconcierta al resto de canales.
Echarle la culpa al Mundial por tantos cambios suena a excusa. La sensación es que en el interior de varios canales hay un deseo de ofertar mejores cosas, pero no llega a ser una convicción, y menos una estrategia. Ya se sabe: cuando se tiene una idea firme, los resultados de corto plazo pesan menos que el objetivo mayor.